Manifiesto Secesionista

por: Sin Nombre

Debido a que el orbe que alojamos esta compuesto de materiales que penetran nuestra percepción primariamente a través del órgano visual, la representación del mismo mediante diversas formas de arte ha establecido un borde que separa los conceptos concretos de los abstractos. Según los establecimientos jerárquicos de la supervivencia humana, las frecuencias sonoras pertenecen a valores secundarios, arrojando así a la función auditiva a un plano abstracto en lo que a edificaciones estéticas se refiere. Es por tal razón que por la mayor parte se considera a cualquier conformación musical como un fragmento del reino abstracto. Sin embargo, mediante lo consuetudinal construimos acondicionamientos que sin importar su naturaleza o complicación, eventualmente, a través de procesos evolutivos son transferidos a una conciencia común. Valiéndonos de este mecanismo consecuente, se proclama en el secesionismo a todos los dispositivos teóricos y estilísticos que por siglos se han señoreado sobre los aparejos que engendran nuevos pensamientos musicales como formas concretas que corresponden a lo que compone el dominio publico del mundo visual. Estas, asistidas por la comodidad y la adicción que es el resultado de la hermosura del gesto repetido, el cansado preservativo de una aburrida identidad continua, nos han lanzado a la nauseabunda realidad simulada de la estética sonica del presente.

Es debido a este eminente retraso auditivo que me veo forzado a hacer referencia a una antigua idea que coadyuvo a propulsar las experiencias visuales a dominios que no han sido aun alcanzados en las artes de los sonidos: el suprematismo. No del todo, a pesar de los intentos fallidos de algunas de las teorías musicales formuladas durante el pasado siglo. Fallidos pues no ha sido suficiente el raciocinio para poder compensar la abismal diferencia que separa lo auditivo de lo retiniano. Persistentes las alusiones a lo visual pues es en nuestro desarrollo evolutivo donde le hemos confiado nuestra asegurada continuidad. A través del secesionismo, el abandono de la intención planificada, forzamos al intelecto auditivo a elevarse a nuevos niveles de invención.

“La mayoría de las personas considera la ausencia de objetos como el final del arte y no reconoce el hecho inmediato de la sensibilidad hecha forma”- Casimir Malevich. Refiriéndose a las artes figurativas, entendamos por objetos: representación objetiva, formas concretas, estructuras objetivo-ideales; los vehículos de la concretización que mediante la fosilización de la costumbre podemos traducir a las artes de los sonidos en formas, cadencias, reglas de consonancia y disonancia. Tal vez el más comprometido separatista del siglo XX, Ornette Coleman dice de la pureza de la improvisación:

- Declarar un territorio con una secuencia armónica en varias ocasiones es tanto como repetir la misma improvisación una y otra vez.

- La melodía al comienzo de una pieza es el territorio, el resto es la aventura.

Para lograr abandonar la representación objetiva y llegar a la cima del verdadero arte no disfrazado en las artes de los sonidos, deberé alejarme de las fronteras que estableció Coleman y alojarme en lo que nombrare los límites de la no improvisación y la idea de que solo excediéndolos logramos entrar en el secesionismo.

1) Declarar las mismas melodías en varias ocasiones (el territorio) es tanto como repetir una improvisación una y otra vez.

2) Declarar el territorio con una melodía o una secuencia armónica en repetidas ocasiones para referirse a una composición es lo mismo.

3) Ningún evento musical que ocurra dentro del espacio establecido por las antedichas disposiciones puede ser considerado una improvisación, ni tampoco: (limites de la no improvisación)

Eventos musicales donde se establezca con anterioridad al mismo la regulación de disposiciones oscilatorias, espaciales o cognitivas.

Es menester subrayar que como cualquier otra disciplina, la practica del secesionismo requiere una enorme cantidad de preparación, asunto que presupone planificación; asunto que es totalmente independiente al abandono de la planificación que caracteriza a las artes que renuncian a la intención proyectada. De modo que me dirijo en estos escritos a una serie de nociones que se refieren a la velocidad en la que se corporiza un pensamiento musical, las repercusiones que esto conlleva y su impacción en la pureza de un evento musical. Entre muchas otras cosas, me veo en la obligación de también abandonar los carteles que identifican a una obra como una composición, improvisación o un injerto entre ambos y alojarme bajo el máximo común denominador que la adhesión a la doctrina de los límites de la no improvisación puede sostener: un evento musical. A pesar de que la ejecución de una sonata, una sinfonía o un concierto son eventos musicales, un evento musical dentro del secesionismo, debido a la sincronía que unifica a la idea, sus resultados y las infinitas variables que esto implica, no lograría ser mas preciso en cuanto a la identificación de las manifestaciones musicales que ocurran dentro del espacio de la nada, pureza absoluta, con un nombre que interfiera pro activamente con su autonomía. Los términos composición, improvisación, concierto aleatorio, fuga o divertimiento se interponen a la pureza del acontecer que le sigue pues su futuro esta delineado antes de que comience. Antes de que comience ha sido ya atropellado.

Una extensa historia, cargada de ausencias tecnológicas que nos permitiese preservar acontecimientos musicales lejos del lápiz y el papel, el eterno enemigo de la improvisación, las costumbres y los acondicionamientos psicológicos que esto acarreo y nuestra negación a la mortalidad, han suprimido por siglos la posibilidad de avistar una ploriferacion de momentos de pura improvisación: pura sensibilidad. Decir que al establecer una ausencia de referentes que regulen una improvisación (la nada, los limites de la no-improvisación) imposibilitamos la legitimidad de la misma, interpretando a los limites de la no-improvisación como un nuevo referente, entrando así en la jurisdicción de una paradoja es tanto como negar las consecuencias de los limites establecidos por las medidas Planck. Desde las medidas subatómicas hasta la velocidad de la luz existen limites; anunciar que no existen tales limites en la música significaría que solo los recién nacidos estarían en posesión de el don de la improvisación según el secesionismo, puesto que no existe tal cosa como la inspiración, sino un ordenamiento de planes en un nivel subconsciente que es el resultado de arduas labores.

Es por tales razones que ningún evento musical que sea de mi autoría he podido escribir con anticipación, ni nombrar: el plano negativo de los límites de la no-improvisación. El nacimiento de mis sonidos y la intención que los provoca ocurren a la misma vez. Por virtud de las extraordinarias ejecutorias que la mente de un neofilo es capaz de cumplir, es posible producir ideas que asistidas por la infinidad de las ciencias, no el futique, lograremos definir las tendencias artísticas de la posthumanidad. Al igualar la velocidad de la gestación con la velocidad del evento obtenemos un espejismo de los limites de la no improvisación, es decir, el secesionismo es alcanzable a través de cualquiera de ambos. El secesionismo es una respuesta sonica a las ideas promulgadas por la paradoja de Fredkin, el principio de la incertidumbre de Heisenberg, el teorema de Gödel y el suprematismo pues dentro de la inteligencia distribuida de la comunidad musical lo único que he logrado encontrar son racionalistas pancriticos, fundamentalistas auditivos y neofobicos. El Método de Composición Secesionista: Tonalidad Abstracta y Dodecametría canalizados a través de los limites de la no improvisación es mi respuesta al hueco que en los ojos de aquellos que nunca busque refugio me he provocado al darle la espalda a la composición planificada. Decía Igor Stravinsky: “Mientras mas controlada, limitada y planificada es el arte, mas libre es”. Diría un secesionista: “Mientras mas poderosa es una idea, mas fácil que se auto reproduzca, menos hay que controlarla y planificarla, mas libre es”.

Las nuevas tendencias, cuando recientes fueron, nacieron, crecieron y murieron, así cerrando un pasaje dentro de la línea continua del tiempo y solidificándola como una, prefiero decir, la invalidez de una tendencia no es el resultado del surgimiento de otras que la invaliden sino la falta de proposiciones que la continúen. La simultaneidad de aplicaciones armónicas que permite la tonalidad abstracta, unimismando las fuerzas de las mas prominentes corrientes tonales del siglo XX mientras se anulan sus restricciones es sin duda el mas permisivo solvente dentro del cual las nuevas sensibilidades del “que” y el “como” pueden ser consumadas; dos cataduras independientes del arte. A pesar que los colores que son el resultado de cada uno, se ven afectados mutuamente, el “que” no es un medio del “como” ni el “como” es un medio del “que”, es decir, la transmutación del arte no se subordina a uno sino a ambos. El “como” es mucho mas fácil de sujetar a disposiciones científicas mientras el “que”, por poder diferenciar una obra de otra con algo mas que el lenguaje, no por ser menos físico se sujeta a través de los limites de la no improvisación a la búsqueda de una nueva sensibilidad. Una búsqueda multilateral in exclusiva que permite el libre flujo de los estatutos del “que” y el “como” así como la continuidad del los pórticos abiertos por las creaciones estilísticas y teóricas del pasado.

La dodecametria es la única teoría que propone la organización de los intervalos de tiempo dentro de los cuales ocurren eventos musicales de la misma manera que organizamos los sonidos, ignorando de tal modo que el uso de estos le sirve a la hegemonía de la melodía y la armonía.

Según nos adentremos en la posthumanidad, será el destino de la música dejar de ser escrita y planificada. Las artes y las ciencias son disciplinas que por el beneficio que pueden mutuamente obtener deberían mantenerse a la par en su desarrollo evolutivo y debido a la momificación que ha surgido como el resultado de la idolatría a la academia y la tradición nos encontramos los arquitectos de los sonidos en una gran desventaja. Sin embargo, a través de la idea del suprematismo que proscribe que la sensibilidad como tal es totalmente independiente del ambiente en que surgió, junto a los armamentos del secesionismo, su paralelo en los sonidos podemos lograr ubicar a la música a la derecha del cero en la recta numérica artística, lejos de las doctrinas incompletes de la música aleatoria, el free jazz y la dodecafonía planificada. Incompletas porque solo pudieron habitar en si mismas, porque nacieron y murieron, porque se nutrían de la falsedad de la representación y la voluntad, porque tenían sus propias reglas y cuadrantes étnicos, porque perseguían a los héroes que las concibieron y le vieron nacer después.

Así como logremos penetrar el desierto de lo que no se ve, de lo que no se pre-ve; así como logremos armonizar lo que son no mas que versiones refractarias de lo mismo, cuando entendamos al fin que la prevalecencia de la similaridad ha expirado; así como sepamos que la música gana fortaleza en la medida en que esta no sucumba a la variedad solo en el suplicio de la ausencia de los solventes que en estos escritos descansan, donde la riqueza y la solidez pueden coexistir, donde la variedad es valida no solo como una forma de obtener similaridad, donde la pecunia del estilo no puede mercar la sensibilidad; una demarcación donde el tiempo es perturbado por la celeridad con la que se mece la inventiva, donde esta es tan desenfrenada y vigorosa que no precisa ser registrada por andamios que son tan disonantes que su comparecencia en una obra solo podría denotar pusilanimidad; así como el desenvolvimiento evolutivo de nuestra especie y el descubrimiento de nuevas tecnologías lo permitan, abandonaremos los instrumentos, nuestras nociones morales y religiosas, abandonaremos a Coltrane y a Bach según nuestras galaxias vecinas nos abandonan. Será necesario que la música según hoy la conocemos colapse bajo su propia gravedad, la academia y la industria son solo objetos que la orbitan y serán tragados ante tal evento, cuando el combustible teórico se consuma, el final limite si es que ahí llegamos, yo solo soy un primitivo ser imitando ese momento.

Antonio Quijano
7 de septiembre de 2005.
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