The Devil Wears Prada

por: Chemi Gonzales

The Devil Wears Prada explora los vericuetos del frívolo y vacío mundo de la moda, siguiendo una tradición de comedias cinematográficas que han explorado el tema en el cine estadounidense que abarcan toda su historia. Desafortunadamente David Frankel, su director no sabe llevar la película mas allá del territorio artificial que nos presenta con su puesta en escena.

No es de extrañar que Frankel haya dirigido algunos episodios de la famosa serie televisiva Sex and the City , el Nueva York que nos presenta Prada es muy parecido al de ese sitcom, lleno de mujeres obsesionadas con la moda y la parte mas superficial y estilosa de la gran manzana, además de los típicos arquetipos: desde el gay experto en moda (bien interpretado por Stanley Tucci), hasta la asistente personal capaz de soportar maltrato con tal de mantener su posición (Emily Blunt) y finalmente el de la protagonista Andrea (Anne Hathaway siguiendo la estela de filmes con los que pretende derribar su imagen “familiar”) una recién graduada universitaria ambiciosa y llena de deseos por asumir los retos que se le aparezcan y que se ve tentada por un mundo en el que esta metida hasta el fondo y que representaba todo lo que inicialmente ella decía detestar.

Ese es el mundo de Miranda Priestley, y si no fuera por la interpretación de este personaje que lleva a cabo Meryl Streep, Prada no sería digna de verse. Streep le aporta matices a un personaje escrito de manera arquetípica que en manos de otra actriz se hubieran quedado como tal.

Streep es capaz de humanizar a Miranda, otra dragón lady , directora de la principal revista de modas de la nación Runway, impecablemente vestida, con un conocimiento voraz acerca de la moda, todos los diseñadores y un poder de intimidación y de generar miedo que conoce muy bien y utiliza a la perfección. Streep nos presenta todos estos rasgos de Miranda de manera exquisita, con un timing perfecto y la dosis correcta de crueldad sádica y delirio de grandeza. Pero es en dos escenas en particular en las que Streep demuestra nuevamente su maestría para construir momentos que digan mas de un personaje que lo que nos podría decir el metraje entero de un filme.

Son los dos momentos en que vemos a Miranda enfrentando su vida privada y como va destruyéndose. Aquí Streep nos presenta a una Miranda sin maquillaje, vulnerable, incomoda ante no poder representar el rol de mujer fría e insensible, ya que no tiene una audiencia para ello. Pero si hay un publico para ver a Streep construyendo un personaje de la manera en que solo ella sabe hacerlo. A final del filme cuando vemos a Miranda regocijarse en privado ante el éxito de Andrea, la asistente or la que mas decepcionada se ha sentido, sabemos que Streep ha cerrado otro personaje redondo para añadir a su prestigiosa carrera y nos sospechamos que aunque llegando a una edad en donde las actrices son relegadas al papel de la madre y de la abuela, ese de seguro no sera el destino de la Streep.

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