Unir, Recortar, Separar, Pegar

por: Vanessa Hernandez Gracia

Las confesiones sin valor de Claude Cahun y Marcel Moore.

Embrollar las cartas. ¿Masculino? ¿Femenino? Depende de los casos. Neutro es el único género que me conviene siempre. Si existiera en nuestra lengua, no se observaría ese flotamiento en mi pensamiento. Sería de verdad la abeja obrera.
Claude Cahun. Aveux non avenus (Confesiones sin valor).

“…el individuo se reconoce a sí mismo a través de la mirada que los otros proyectan sobre él, tan sólo existe para los ojos que lo contemplan.”

-José Miguel G. Cortes. “La ambivalencia de la máscara. De Rrose Sélavy a Claude Cahun.” (107).

En 1929 se traduce uno de los textos más polémicos de la época: Etudes de psychologie sociale. L´Hygiène sociale, tomo I. La femme dans la société de Havelock Ellis. Ellis, teórico inglés que propuso la posibilidad de un tercer sexo ni masculino ni femenino, más bien unificador de las capacidades de ambos, influye significativamente en el pensamiento de su traductora: Claude Cahun. Un año más tarde, la editorial Éditions du Carrefour en París publica Aveux non avenus (Confesiones sin valor) libro autobiográfico y de literatura experimental realizado colectivamente por Claude Cahun y Marcel Moore. El mismo consiste en una serie de diez fotomontajes, firmados por Moore, los cuales se intercalaban con textos de Cahun. El contenido de los textos varia, desde aforismos, relatos de sueños, poemas, diálogos, falsas correspondencias, hasta fábulas. Marsha Meskimmon en Women Making Art sostiene que esta colección de imágenes y textos opera como una autobiografía en constante cambio, articula una subjetividad femenina activa del deseo, aunque, nunca determina finalmente el género femenino.

Los fotomontajes de Cahun/Moore se componen de diversas fotografías fragmentadas, en ocasiones reproducidas, de pedazos de textos impresos o escritos a mano y dibujos. La mayoría presentan a un sujeto (Cahun) cuyo sexo resulta indeterminado, y el cual se encuentra en constante transformación, representando diversos roles (destaca el hecho de que Cahun pertenece a varias compañías de teatro experimental), observando al espectador desde diversas mascaradas. Meskimmon añade: “The Cahun/Moore works did not formulate an aesthetic of self-revelation, premised upon an underlying truth, but an aesthetic of the self as staged, mediated, composed and composing – like photomontage itself.” Emplean la técnica del fotomontaje de una manera muy particular pues aunque la mayoría de las imágenes se consideren autorretratos de Cahun, éstos no presentan un punto de vista único, sino múltiple y dado a diversas interpretaciones. Debe considerarse el contexto histórico que viven las artistas, el Período de Entreguerras, así se comprende su preocupación por la transformación y el cambio. La obra de Cahun/Moore es un fiel reflejo de su vida, de sus inquietudes y preocupaciones. Cahun se presenta como un sujeto en constante metamorfosis, con multiplicidad de caras, “…el rostro es el lugar de disimulo, la superficie donde se inscriben las más extrañas simulaciones que componen la ficción del sujeto; un abismo que refleja la fragilidad del ser, la alteridad de su existencia, lo oculto de los significados, la precariedad de la identidad, la incertitud de la apariencia, la metamorfosis de la imagen, lo aleatorio de la evidencia”[sic]. Cahun con su juego de múltiples identidades muestra la fragilidad y precariedad del ser humano en un momento en donde la incertidumbre reinaba, Francia aún se recupera de la Primera Guerra Mundial, además, las relaciones internacionales son cada vez más inestables. La artista no asume una actitud pasiva sino que invita, mediante sus fotografías y escritos, a desafiar las preconcepciones sociales, y no sólo se vale del arte para ello, sino que forma parte de varios grupos activistas de izquierda, entre ellos la Association d’ Artistes et Ecrivains Révolutionnaires (A.A.E.R.) junto a André Breton.

En ocasiones Cahun y Moore reutilizan las fotografías en diferentes fotomontajes o cortan fotografías que Cahun había tomado anteriormente como imágenes individuales, y las recombinan construyendo un tejido compuesto de fragmentos fotográficos tomados al azar. Mediante estas composiciones exploran y crean una noción del yo, múltiple y acumulativa, un conjunto cambiante de relaciones sociales; logran autorretratos desestabilizados que sitúan la identidad como contingente y mutable. Cahun y Moore no ven al sujeto como individuo, sino que lo presentan como un conjunto de fabricaciones sociales las cuales se encuentran en constante transformación y fragmentación. Lo que Therese Lichtenstein llama mutable, ya que estas variaciones se presentan en imágenes cuyos sujetos se alternan entre masculino y femenino, convertidos en seres andróginos. Además, en los fotomontajes, las partes del cuerpo están fragmentadas y colocadas de forma no coherente: lo cual guarda similitud con el juego que practicaban los Surrealistas llamado Cadavre exquis, o cadáver exquisito. En dicho juego diversos artistas escriben una frase o dibujan una imagen para construir una oración o dibujo compuesto, el cual sólo podían comprender cuando el trabajo estaba finalizado. Al igual que el cadáver exquisito, estas composiciones son creadas en colaboración, pero a diferencia de éste, no es una colaboración accidental, sino una producto del conocimiento profundo del otro. Cahun y Moore además de colaboradoras, son compañeras, amantes y hermanastras. Lucy Schwob (Claude Cahun) y Suzanne Malherbe (Marcel Moore) se conocen desde muy jóvenes, antes de que sus padres se unieran en matrimonio en su natal Nantes. A partir de 1917 conviven tanto en Nantes como más tarde en París y en la Isla de Jersey. Las fotografías consideradas por muchos autorretratos de Cahun pueden ser estudiadas como autorretratos de ambas pues: “Malherbe not only made the exposures, she was the first spectator to whom- for whom?-Cahun addressed the image and for whose eyes she constructed her pose.” Además de realizarse en un espacio de complicidad y privacidad, la fotografía de Cahun/Moore estaba dirigida a un público muy selecto, y en la mayoría de los casos, deciden no reproducirla ni exhibirla. Excepción son los fotomontajes los cuales realizan a petición de Cahun quien por alrededor de diez años guarda los textos autobiográficos que componen Aveux non avenus, confiando a Moore, su otro yo (“l´autre moi” según ella misma afirma), la labor de componer junto a ella las ilustraciones. El dúo Cahun/Moore logra adquirir completo control sobre su producción fotográfica, “…Cahun´s autobiographical project not only puts her on both sides of the camera – simultaneously the subject and object of representation- but it also endows her, a woman, with the power of both projecting the gaze and returning it…” Además, envuelve una relación de complicidad entre ambas, una singular relación entre ejecutante y ejecutada.

El fotomontaje se convierte en una práctica emblemática de las vanguardias de entreguerras, como experimentación de una estética del fragmento y choque, se infiltra en todas las vanguardias fotográficas de los años veinte. Surge como la tentativa de hacer intercambiable la fotografía con la pintura, la fotografía con el dibujo, la fotografía con la escritura. Su origen se encuentra en las novedosas experimentaciones del grupo dadaísta berlinés, de Hannah Höch o de Raoul Hausmann. Los fotomontajes de Cahun/Moore en Aveux non avenus se valen de esta influencia con el añadido de integrar la imagen fotográfica con el texto articulado y el dibujo, marcando inclusive un precedente al discurso interdisciplinario de la actualidad.

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