Segunda/Tercera Planta: Hotel Casa Candela.

por: Abdiel Segarra

Volante Segunda/Tercera Planta: Casa Candela.

Segunda/Tercera Planta: Hotel Casa Candela.
31 de marzo de 2007. San Sebastián #152, Viejo San Juan.

Artistas participantes:

1. Martín Albarrán
2. Carolina Caycedo
3. Diego de la Cruz y Antuán Lazaga
4. Braulio Espinosa
5. Exor
6. Vanessa Hernández Gracia
7. Karlo A. Ibarra
8. Katalina Iturralde
9. Héctor Madera
10. Roberto Márquez
11. Jesús “Bubu” Negrón
12. Omar Obdulio Peña Forty
13. Rose Perea
14. Joel “Yoyo” Rodríguez
15. Manuel Rodríguez
16. Chemi Rosado Seijo
17. Kristine Serviá
18. Rosalyn Suero
19. Filipo Tirado

Los espacios más allá de estar escritos por una historia particular o con la intención de proveer algún servicio para un público determinado, legitiman y neutralizan relaciones sociales a través de las narrativas inscritas en ellos. Estos espacios se imponen ante el tiempo con un grito de victoria y dominio, marcando la inmovilidad como botín de guerra. El espacio se organiza estratégicamente a través de estructuras inmóviles, sólidas, recientes o con una larga trayectoria. Hoteles, casas, restaurantes, parques, van clasificando e imponiendo las relaciones, usos y narrativas admitidas en cada uno, obscureciendo relaciones de poder implícitas en los mismos a través de una imagen de neutralidad. Cada uno con sus conductas asignadas: el hotel lugar de paso, transición, turismo, descanso, lugar de encuentro; la galería o el museo: lugares de arte, estética, intelecto, espacios de expresión, de comercio, mercado e historia. Estas utilidades lógicas de los mismos determinan lo admisible y lo inadmisible, permiten desde una perspectiva analítica localizar e identificar las relaciones de conocimiento y poder implícitas dentro de los mismos que a su vez les facilita establecer un control del espacio sobre el tiempo.

Así vemos como en la transgresión de las neutralidades espaciales, a través de las tácticas creadas por los artistas, se van desarrollando dentro del espacio del hotel cálculos de usos y trayectorias sin fronteras distinguibles, que traspasan ese dominio del espacio sobre el tiempo y la conducta. Aunque muchas de estas obras se inscriben dentro de un lenguaje oficial y tradicional, con la sintaxis preescrita por el sistema, las mimas son utilizadas para infiltrarlo. Trazando a su vez un nuevo mapa de los diversos re-usos del espacio en base a diversas trayectorias: recalcan un movimiento temporal a través del espacio, enfatizando la unidad de puntos por los que pasa, no la figura que estos puntos forman en el espacio. Así vemos como la narrativa del hotel se escribe en los escalones que lo construyen haciéndose explícita y desmantelando la neutralidad, poniendo en cuestionamiento el éxito de la estrategia que aparenta atemporalidad, como vemos en la obra de Diego “Exor” Romero. Observamos más adelante como esa misma narrativa es llevada a un análisis aún más discursivo al enfrentarnos a la transicionalidad del espacio del hotel con la instalación Parada de Guagua de Manuel Rodríguez. A través de estas obras los artistas, que intervienen el espacio establecido del hotel, con sus tácticas artísticas se convierten en usuarios que manipulan y exponen al cuestionamiento del espectador las razones de ser y la semiología detrás de estos espacios. Vemos como se analiza la visión “voyeurista” y “kitsch” del turista a través y el concepto de lo típico y el “souvenir” en obras como Alcapurria en Vitrina, de Martín Albarrán, en donde un pasillo se transforma en una vitrina que en su vacío muestra y cuestiona el concepto de lo típico que busca un turista; o en la obra de Rosalyn Suero en la que el paisaje del lugar se convierte en “souvenir” que es más real que la realidad externa del propio paraje. Instalaciones como Pillows de Karlo Ibarra, las cuales nuevamente buscan manipular la construcción del espacio para cuestionar la carga social implícita en la concepción del viajero, sea este turista o inmigrante. Sus obras en un acto de sutil subversión, se camuflagean a través de una aparente distracción y el uso de la novedad, para poder quebrantar esa estrategia del lugar haciendo a cada obra dependiente del tiempo. Estos aprovechan la oportunidad para reapropiarse del espacio al operar de un modo que infringe la lógica espacial establecida. Incluso se llega a cuestionar el rol de la propia luz como metáfora de la realidad exterior que entra como intrusa en el espacio privado y cerrado del hotel que contiene al que se hospeda, incapaz de atraparla, el cual a su vez se escurrirá de ese control espacial abandonando esa habitación. Cada intervención artística refleja el dominio y la victoria del usuario, del tiempo sobre el espacio. He ahí lo central y la importancia de lo efímero de estas obras, las cuales se escapan con el paso del tiempo del orden estratégico. Obras como las de Vanesa Hernández Gracia, Carolina Caycedo, Joel Rodríguez y Jesús “Bubu” Rodríguez en donde se expone un espectador a narrativas, sucesos íntimos y privados que se llevan a cabo en una habitación rompiendo con el sello de la privacidad temporera y silenciosa de cada habitación. Sacan a relucir narrativas escondidas y silenciosas que enfatizan el triunfo del tiempo y el uso sobre dicho espacio estratégicamente planificado.

Con cada intervención espacial se van trazando trayectorias dentro del hotel, transformándolo a través de prácticas espaciales que eluden de una manera la disciplina que implica el orden establecido del lugar. Aprovechan el momento, son rutas y atajos que cuestionan y contestan la dominación espacial y la semiología del lugar. Son acciones contestatarias que pueden llegar a reconstruir el espacio de manera temporal en un orden totalmente opuesto al establecido, como se puede observar en las intervenciones de Héctor Madera, Chemi Rosado Seijo y Braulio Espinosa. En estas el espacio es directamente transformado exponiendo las implicaciones políticas del espacio del hotel en donde la propia privacidad se puede convertir en lugar interno de fisura y contestación sociopolítica.

Estas trayectorias trazadas por los artistas, como parte de su victoria (centrada en la capacidad de evadir la disciplina impuesta en ese espacio), no logran producir un lugar en sí. El hotel no se transformará en galería o museo. Nunca abandonará su cualidad de hotel. Su dominio y narrativa espacial, más bien es manipulado a través de un nuevo uso de la movilidad de cada obra y el desapego de las mismas ante el espacio que transgreden. Cada obra desaparecerá dentro de la memoria de las paredes silenciosas del edificio para mantener ciertas relaciones sociales particulares. Victoriosamente cada obra logró hablar y escapar, logró trascender el espacio estratégico y desmantelarlo. Irónicamente, lo logran trazando los intereses y deseos de cada artista los cuales siguen su propia lógica y táctica. Juntas trazan una trayectoria indirecta y errante. No es si no la simultaneidad y el poder seguir esos puntos de la trayectoria lo que le da fuerza de contestación y cuestionamiento a la apariencia de la neutralidad espacial. Esa imagen formada por los puntos de dicha trayectoria siempre aparecerá incoherente e imposible de atrapar o señalar, escurriéndose por los cimientos inmóviles que marcan una supuesta victoria del espacio sobre el tiempo.
Cada intervención va jugando y coqueteando dentro de este espacio instituido y estratégico, convirtiéndose en una actividad de resistencia sutil de un grupo que al no tener su propio espacio va recorriendo cierto camino in-trazable, dependiente de la oportunidad y el atajo dentro de las redes de fuerzas y representaciones ya establecidas. Así cada intervención dependiente del tiempo se va convirtiendo en una manipulación interna de un sistema, a su vez que elude la responsabilidad de la totalidad que forma. El hotel será vaciado y seguirá siendo hotel, y estas obras se fragmentarán tácticamente abandonando esa totalidad subversiva en la que todas juntas derrocaron un orden espacial simultanea y temporeramente.

Patricia Álvarez

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