Marie Antoinette (2006)

por: Abdiel Segarra

Marie Antoinette (2006).

Dirigida por Sofia Coppola. Estelarizada por Kirsten Dunst, Jason Schwartzman, Rip Torn y otros. Sony Pictures DVD.

Había oído varias veces que Marie Antoinette era una película “visualmente bella”… Algunos me habían comentado lo precioso que era el vestuario y la fotografía. Y ni hablar de que era la primera película estadounidense a la cual el gobierno francés le había cedido el permiso de filmar en el palacio de Versalles. Y algo de que usaba música de los 80…

Con todo y lo excitante que sonaba esto, ninguna de esas premisas me pudo preparar para el impacto que esta película —mi actual favorita de todos los tiempos— tendría en mí. Marie Antoinette se ha convertido en una fábula íntima sobre la importancia de la firmeza sutil, de la salvación que provee un sentido de ecuanimidad inquebrantable.

El personaje de la joven reina, lleno de una inocencia que parte el alma, viaja con buena voluntad a través de una verdadera tempestad de modismos sociales y lucha tranquilamente por afirmar su individualidad. Contra viento y marea, Marie trata de complacer a todos. Pero, naturalmente, ella se da cuenta de que sus esfuerzos van cuesta arriba, y entonces se entrega a una contemplación muy a la Proust de los pequeños detalles que la rodean. Así, Marie logra su “liberación” total.

La directora Sofía Coppola, con gran irreverencia, corta a través de los límites de tiempo y contexto para darle vida a este viaje de descubrimiento. Cuando Marie va a una gran fiesta de disfraces, ésta resulta ser el más maravilloso montage de dos contextos temporales: el del siglo XVIII y el del movimiento New Romantic del principio de los 80 —ejemplificado por grupos musicales como Classix Nouveaux, Duran Duran y Visage— que precisamente interpreta la fastuosidad de antaño con actitud post-punk. El uso de temas como “Hong Kong Garden”, de Siouxsie and The Banshees, resulta entonces perfectamente natural.

Al haber eliminado eficazmente la idea del anacronismo, Coppola despliega ante nuestros ojos un extraordinario poema visual: cómo el auto-descubrimiento hace sublime al entorno. Marie descubre que está enamorada, y cuando ve a su amante alejarse del castillo de Trianon, para posiblemente nunca volver, su reacción es una de calma extrema: se ve transparentemente el éxtasis exquisito de un perfecto enfoque en el momento. El viaje de regreso en calesa a Versalles, con el bellísimo tema de Bow Wow Wow “Fools Rush In” en el fondo, es como un sueño… Marie mira por la ventana, el paisaje pastoral vuela, y todo está bañado por una luz mágica de infinito reverie.

Así siguen en deliciosa sucesión los momentos alquímicos que nos inspiran a detenernos y ver bien. Sea corriendo por los jardines, con yardas de tela al aire; contemplando con amistades el amanecer después de una fiesta de epifanía; saboreando un vaso de leche en una taza de porcelana, rodeada de gallinas, Marie Antoinette capta, como nunca antes, el nobilísimo ideal de encanto, de soluciones, que propuso el new wave de los 80; un espíritu que fue mitigado un tanto por la crisis del SIDA y el terrible arrastre de otros movimientos populares menos desarrollados estéticamente. Marie Antoinette demuestra que ese espíritu ha vivido —y vivirá— siempre.

Jorge Clar

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