Reflexiones sobre la intersexualidad.

por: Abdiel Segarra

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XXY, filme. (Alex y Alvaro)

Los temas del cuerpo y la sexualidad, aunque no son nuevos, están en auge. Esto no es casualidad, pues el interés público en torno estos temas tiende a aumentar cuando los derechos a la privacidad, intimidad, y control sobre nuestros cuerpos se ven amenazados por el Estado. Dicho interés ha resurgido recientmente en Puerto Rico tras la controversia desatada por la revisión del Código Civil. Durante dicho proceso, sectores progresistas defendieron la propuesta de permitirle a las personas transgénero plasmar su cambio de “sexo” en el certificado de nacimiento. Además, se contemplaba legalizar las “uniones de hecho” tanto para parejas heterosexuales como para parejas del mismo sexo. Los sectores conservadores y fundamentalistas contratacaron, impulsando la polémica Resolución 99, que pretende elevar a rango constituional la definición legal del matrimonio como un contrato entre un hombre y una mujer.

En este contexto, han surgido en diversos foros valiosas aportaciones (aunque no suficientes) que abonan al cuestionamiento de la heteronormatividad. El reciente largometraje de la cineasta uruguaya Luisa Puenzo, XXY, y el ensayo Cuerpo subversivo, norma seductora: Un capítulo de la historia de la heterosexualidad en Puerto Rico (2002) de la historiadora María del Carmen Baerga, son ejemplos de aportaciones recientes a estos cuestionamientos.

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Escena XXY (Alex y Alvaro).


El filme XXY presenta a Alex, adolescente intersexual de 15 años. Los padres (Kraken y Suli) de Alex, abandonaron Buenos Aires, Argentina, para instalarse en una cabaña aislada en las afueras de Piriápolis, Uruguay. La razón de su mudanza fue que Alex pudiera crecer protegida de los prejuicios de la sociedad, al menos hasta que decidiera por una identidad de género. Sin embargo, Alex se resiste a tener que elegir un “género”. Un ejemplo, de esto se muestra cuando precisamente Alex deja de beberse las hormonas, que eran parte del proceso médico que le ayudaría a “elegir” su identidad. La familia recibe la visita de una pareja de amigos (Erika y Ramiro) que llegan de Buenos Aires con su hijo, también adolescente, Álvaro. La trama se desenvuelve entre la estadía de los amigos y su insistencia en castrar y evitar que Alex se desarrolle como un hombre, y la relación que va creciendo entre Alex y Álvaro, que no sabe que ésta es hermafrodita hasta que tienen su primera relación sexual. Otro aspecto temático del filme es la preocupación de los padres de Alex por evitarle cualquier tipo de sufrimiento, sobre todo Kraken (quien es biólogo marino).

Resulta interesante que en la década del 1940 en Puerto Rico ocurrió una historia veridica de la intersexualidad. . En Cuerpo subversivo, norma seductora, Baerga documenta la historia de un hermafrodita conocido como Emelino Troche, quien vivía en el pueblo de Hormigueros, y el escándalo que se desató a nivel nacional. El estudio de Baerga aborda como la sexualidad de Emelino se convirtió en materia de discusión pública en 1944, cuando fue acusado de “deshonrar” a la joven de 17 años, Luz Selenia Caraballo. Baerga, a través de su investigación, nos muestra cómo el escándalo sacó a luz la naturaleza “ambigua” del cuerpo de Emelina, quien luego de vivir parte de su vida como mujer, insistió en defenderse ante la Ley como hombre.

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Imagen extraída de: “Cuerpo subversivo, norma seductora: un capitulo de la heterosexualidad en Puerto Rico” de Maria del Carmen Baerga. (Revista Op. Cit. del Centro de Investiogaciones Historicas, Num. 14, 2002)

Luz Selenia se querelló ante el juez de Hormigueros, acusando a Emelino de haberla seducido y deshonrado, y exigiendo respeto y reparación mediante el matrimonio (aunque el espacio en esta reseña es demasiado limitado para abundar sobre el tema de la “virginidad” y el cuerpo de la mujer, nótese que la narrativa comienza con la pérdida del “honor” junto con la virginidad, como posesión de un cuerpo que se guarda o se roba). Las protagonistas se presentaron ante el tribunal vestidas como mujeres, dejando atónito al juez, quien conocía a Emelina de mucho antes. Explicado el “daño”, Emelina indicó que estaba dispuesta a repararlo mediante el matrimonio, desatando un escándalo, ya que el juez se negaba a casar a dos mujeres. Al insistir la pareja, Emelina fue enviada a realizarse un examen médico, el cual, según el certificado expedido, “reveló” que en efecto era un “hombre”. El juez entonces permitió que adquirieran licencia matrimonial, aunque Emelino continuó vistiendo ropas de mujer. Los planes de boda, sin embargo, se afectaron a raíz de la ola de publicidad que levantó el caso.

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Imagen extraída de: “Cuerpo subversivo, norma seductora: un capitulo de la heterosexualidad en Puerto Rico” de Maria del Carmen Baerga. (Revista Op. Cit. del Centro de Investiogaciones Historicas, Num. 14, 2002)


Baerga nos explica que a pesar de que: en la actualidad algunas definiciones y sistemas clasificatorios de siglos anteriores han sido dejados atrás, la idea de que somos poseedores de una naturaleza sexual, o un “sexo verdadero”, permanece vigente en los discursos del poder y en la opinión pública. La mayoría de la gente desea ser “normal”, por lo que luchan, con mayor o menor éxito, por alcanzar la “normalidad”.

En su ensayo, Baerga nos muestra cómo Emelino intentó encontrar la “verdad” sobre su ser en su “naturaleza sexual”, firmemente enmarcada dentro de los parámetros de la heterosexualidad y el binarismo hombre/mujer. Además, el ensayo demuestra que el deseo de Emelino de conformarse a la normalidad, y su convencimiento de que su conducta, sentimientos, inclinaciones y deseos responden a imperativos “naturales”, es precisamente lo que lo motiva a “confesarle” al mundo la “verdad” sobre su “naturaleza”.

Sin embargo, ni Alex ni Emelino se proyectan como víctimas. Por el contrario, como resaltan claramente tanto el filme de Puenzo como el ensayo de Baerga, ambos se aferran firmemente a su dignidad humana. Emelino adoptó una identidad pública masculina, aunque mantuvo su cabello largo para poder promocionarse como el “hombre-mujer” en los espectáulos “humorísticos” que protagonizaba para ganarse el pan (¿o tal vez como una forma sublimada y adecuada a la norma estética de aquella época, de afirmar su intersexualidad?). Alex, por su parte, ejerce su resistencia a las “normativas”sexuales que pretenden impornerle al dejar de tomar las hormonas que le recetaban para evitar que le creciera vello en la cara. Tanto el filme como el ensayo se distancian de presentar a sus sujetos como casos clínico, brindándonos en su lugar retratos profundamente humanos que no por ello pierden su valor analítico.

En síntesis, las propuestas que recogen ambos trabajos se pueden resumir en dos. La primera es que la “sexualidad” no consiste de un número fijo de identidades inherentes en la naturaleza, sino un complejo entramado de relaciones que es histórica y culturalmente variable, y puede incluir identidades flexibles. La segunda es que dentro de esa diversidad de identidades posibles, la intersexualidad es tan digna y legítima como cualquiera. La importancia de estas contribuciones radica en que proveen nuevas perspectivas, planteando de forma humana y accesible los temas del género, el cuerpo y la sexualidad, que para muchos en nuestra sociedad aun resultan tan confusos y delicados.

Por: Nahomi Galindo

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