
A L A I R E
Según hemos podido reconstruir la anécdota, el joven artista Marcel Duchamp se detuvo una mañana de diciembre del año 1919, en una pequeña farmacia situada en la esquina de la calles Blomet y Vaugirard en la ciudad de París. Allí le pidió al farmacéutico que le asistiera en la preparación de una obra de arte. El farmacéutico accedió y siguiendo las instrucciones del artista, vació una ampolla de cristal, la cual contenía 125cc de solución salina, y nuevamente la selló herméticamente, sirviéndose de un mechero para derretir vidrio. Según el artista, esta vasija de cristal, de cuello largo y angosto y de cuerpo ancho y redondo en la parte inferior, cerrada herméticamente de ese momento en adelante contenía la medida exacta de un suspiro de aire de París. Duchamp la llevaría consigo a la ciudad de Nueva York, donde había establecido su taller. Lo que aparenta ser un frasco de cristal vacío e insignificante, contiene/se convierte en un poema de aire, al aire.
Marielis Castro Morales y Manolo Rodríguez presentan individualmente varios de sus proyectos, bajo el título . Aunque de maneras muy diferentes, ambos trabajan con materiales, formas y conceptos que reconocen el aire como parte importante de sus estructuras poéticas. Estas estructuras se sitúan intermitentemente entre la naturaleza y la industria, entre la ventolera de abanicos de motor y el aleteo de abejas enjambradas.
Primer piso (premier étage)
Ante un gran espejo, donde según aclara Foucault, las cosas se ven donde no están, Manolo Rodríguez (des)ubica dos de sus proyectos:
En torno a un gran montículo de tierra descansan expuestos dos modelos de prótesis mecánicas para piernas parcialmente amputadas. Ambos modelos de prótesis culminan en una rueda en lugar de un pie, sugiriendo que la utilización de los mismos tiene posiblemente una ventaja de movilidad. Un porta astas de dos banderas desairadas y la frase “At the dawn of speed” completan este conjunto de elementos.
A pocos pasos nos encontramos entre las piezas que componen el segundo proyecto que se fragmenta/congestiona a partir de una maqueta de un galeón sin velas y con el mástil quebrado titulado “Prometeo”. Luego un curioso aparato metálico, el cual surge levantado por unas patas de madera con un par de pontones de mecedora, se presenta como un artefacto equipado con turbinas para generar una corriente de aire que le sirve para acelerar/aliviarse a sí misma. Este modelo aerodinámico de auto-aceleración, va acompañado de una serie de dibujos que diagraman el anhelo de lograr tal objetivo sin otro propósito que evitar la fatiga ante el hecho estético. Cerca de este aparato, sobre la ventolera de un abanico de motor, flota una delicada maqueta de una estructura de madera identificada como el ‘Valle de los vientos’. Justo al lado vemos además un conjunto de fotografías a color. Entre las piezas anteriormente descritas se trama ‘una compleja red de incertidumbres’ que parece aspirar a ser descifrada (o al menos delatada por un informante bien enterado, si no por el autor mismo).
En la sala adyacente aparece un discreto conjunto titulado ‘Byzantine’ compuesto por dos elementos: una diminuta máquina con todos sus mecanismos expuestos y una hoja de papel repleta de números frenéticamente trazados a lápiz con un gran borrón hacia el centro. La máquina, que incluye además un curioso botón de parafina con cuatro polillas ahogadas cerca de su superficie, se activa/reacciona cuando/tan pronto como alguien se halle/a físicamente frente al dibujo de los números que está ubicado en la pared opuesta a la misma. Un aire de dudas y e ilusión es lo que Manolo estructura en torno a sus piezas.
Segundo piso (deuxième étage)
Subir las escaleras posteriores de la casona supone adentrarnos en un espacio que se relaja, espesa y se demora temporalmente entre los trabajos expuestos por Marielis Castro Morales. Penetramos este lugar con nuestras sensaciones como lo hace la luz natural, explorando, derritiendo, descubriendo, absorbiendo…reflexionando. En el recibidor nos encontramos rodeados de palabras que tenuemente se pronuncian en un silencio gráfico, imaginadas una a una: palabras que se acercan confiadas, como para luego evaporarse tímidamente de nuestros pensamientos.
En la habitación contigua, se revelan expuestos cuatro grupos de fotografías que se apartan entre sí, sugiriendo miradas muy atentas a un cuerpo que se expresa como paisajes de luz. Percibimos imágenes de cuellos, espaldas, piernas y finalmente una figura entera que surge entre el verde tibio y extraño del bosque lluvioso. Desde este lugar se anticipa desde ya el próximo a la vez que se recuerda el anterior.
Quizá ya nos encontremos en el espacio más amplio, es allí donde se escucha el aleteo de las abejas. Un extraño escritorio parece proyectar el espacio que se constituye a su alrededor: un espacio misterioso, fragante y de carácter translúcido. Elaborado en madera, el escritorio se halla revestido de una capa gruesa de olorosa cera de abejas. Sobre él descansa un articulado volumen de piedra y bajo él yacen varios abultamientos. Una gaveta entreabierta revela una considerable cantidad de miel almacenada. Esta maravillosa escena continúa desarrollándose, como si se tratara de un lugar en proceso, un lugar que acumula experiencias. Un lujoso ajuar, similar quizás al mameluco de un apicultor adulto, allí también cosecha significados. Próximo a éste, sobre las paredes y detrás de luminosos velos de organza, se vislumbran varias imágenes de abejas atareadas y de personajes uniformados de blanco aparentemente custodiándolas. En este hermoso espacio de trabajo e ilusión, ante el ‘acecho de tanta belleza’, el aire que respiramos nutre, como la miel de abejas, aquello que llamamos poesía, y que aquí pudiéramos entender como otra manera más de seguir amando.
Exterior ( l’extérieur)
Frente a la casona, en un pequeño patio, se aprecia una estructura liviana de madera que sostiene unos paños translúcidos color ámbar. Esta obra, de Marielis Castro Morales, titulada “Biombos”, se despliega etérea en torno a un espacio interior donde se ubica un banco para sentarse sobre el cual hay un libro de imágenes. Un espacio penetrable, física e imaginariamente, el cual se relaciona a través del libro con otros espacios y sucesos donde anteriormente se ha configurado. Nuevamente estamos en un lugar donde nuestra relación con el espacio se relaja, espesa y demora, aconteciendo allí como una visita que se desdobla recíprocamente en anfitrión. El libro de imágenes es un vínculo disimulado, un portal opcional de relaciones con otros lugares; un espacio de espera. “Biombos” parece así corresponder a las formas de diseño para el cortejo, un espacio íntimo dentro del espacio público, un espacio expuesto pero protegido: un lugar para enamorarse, una ‘heterotopía’.
Charles Juhász-Alvarado
Santurce, Puerto Rico
12 de octubre de 2008.