El trabajo de Roberto Márquez.

por: Abdiel Segarra

El arte contemporáneo, es un trabajo complejo y difícil de definir. Está compuesto entre otras cosas por capas, direcciones, discursos y abordajes. Proponemos esas cuatro categorías para hablar de la obra plástica del joven Roberto Márquez.

Roberto, oriundo de Bayamón, estudió un bachillerato en pintura en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico. Ha ejercido profesionalmente como artista desde antes de recibir su diploma, ha exhibido colectiva e individualmente en Puerto Rico, todos los años desde su graduación.

Para suerte nuestra, Márquez es un pintor diestro, con un evidente su dominio de diferentes técnicas de aplicación. Si bien la pintura es un campo difícil para crear innovaciones, tal vez por eso el trabajo de Márquez, más que sobre la pintura, es sobre la gente. Su vida cotidiana, en sus rutas de Bayamón a San Juan, de Bayamón a Río Piedras, de Puerto Rico a la Florida (EE.UU.), ha estado cargadísima de personajes, actitudes, lugares comunes y coincidencias que nutren e informan el panorama que hoy es su producción. De igual forma, el curso de los días y el cruce con otros individuos contaminan las maneras, y estrategias en las que se “es”; profesores, colegas, amigos y relaciones personales (formales e informales) son parte de lo que llamo capas dentro del trabajo de Roberto. Son los elementos de la vida misma, los capas que componen su trabajo plástico.

Todos esos elementos propios del vivir de cualquier individuo, son afectados por la forma en que los pensamos; son canalizados por nuestros valores, ideologías, moralidades, etc. De igual forma esos canales dependen de la manera en que fuimos formados, del grado de sentido del humor o seriedad y de la distancia que podamos lograr de ellos. Esas subjetividades son los lugares desde dónde aplicamos formas, son los puntos de fuga y las direcciones desde las que Roberto informa y dirige su trabajo. Esos lugares desde los cuales la gente se ve a sí misma y ve al mundo.

Los discursos son el machismo, el puertorriqueñismo, el moralismo, discursos con los que convivimos y chocamos a diarios; los de las identidades que se confrontan a diario en la calle, en la vida y en el mundo del arte. Sin necesariamente opinar o asumir juicios, nos presenta perspectivas desde donde ver esos discursos; discursos religiosos y políticos, discursos morales y de autodefinición, discursos sobre los que se construyen las relaciones humanas, la hombría, la feminidad, las relaciones laborales, el éxito, etc.

El abordaje, es el medio a través del cual Roberto comenta. Es el dibujo, la escultura, la pintura, las estrategias del arte contemporáneo en sí. En ocasiones presentadas como instalaciones de pinturas, series de dibujos o grupos de esculturas sirven de eco de muchos circuitos encontrados simultáneamente. Es a través de esas estrategias físicas que nos ofrece este cargado modo de ver, tal como si estuviésemos rodeados por una multitud y pudiéramos escuchar de cerca todas esas identidades alrededor nuestro. Para ventaja suya no tiene reparos en combinar aplicaciones, medios y materiales. Los efectos son siempre prometedores, las posibilidades inagotables y las risas agradecidas.

En su taller nos recibe entre un montón de obras. Por cuestiones de la vida o el oficio, Roberto ha sido como muchos otros artistas bendecido por su autogestión. Vive de su trabajo plástico y sólo se dedica a ello. Trabaja inagotablemente y � produce todo el tiempo, de esta manera evidencia la profesionalidad y la seriedad detrás de la labor plástica. Márquez ha tenido tres exhibiciones individuales, mostrando en cada una de ellas un cargamento de obras recién producidas. Cada una de sus exhibiciones ha tenido un hilo temático particular y una investigación distintiva de cada grupo de obras producida.

Recientemente presentó su trabajo en uno de los cubículos reservados para artistas emergentes dentro de la Feria Internacional de Arte CIRCA (celebrada este pasado mes de febrero).� En la feria, de entre toda las piezas que exhibió pudimos distinguir algunas que mostraban personajes defecando y unas esculturitas que parecían mojones con ojos, algo no necesariamente nuevo en el repertorio de imágenes que el artista ha ido construyendo. A pesar de que Márquez niega una intencionalidad política directa en su obra, el contexto en cual fueron mostrados invita a una lectura graciosa y política del mundo del arte. Similar a la ocasión en la que Piero Manzoni vendió 90 latas llenas de sus propios excrementos, titulada “Merda d’ artista”; Roberto con su pieza “Sin Título (mojones)” al igual que Manzoni, trabajan una sofisticada y poética reflexión crítica sobre el objeto de arte, su valor y su relación con el mercado.

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