Lugares para estar

por: Idalís García Reyes

¿Cuál es el apellido de Adán y Eva? Esa es la voz la que me susurra, la retórica. La huelga permanece a la distancia. Desde acá, la gente viene tras de mi.  Me llaman desde la acera, contesto con un no. Quiero que permanezca distante. No soporto que llamen. No tengo nombre. Al fin y al cabo no tengo apellido. Preguntas, insistes. Tengo, tengo a Petra, y a Claudia, a Maritere y a Azucena. No creo, no lo diré. No ví mi nombre. Ya en la tarde, habré olvidado el tiempo. A veces des memorizar es mejor.

Llaman: me dicen expósito. Cuelgan.

He oído  el quiebre de las bocinas. Busco asiento para encontrarme enclaustrada. Abro tres puertas diferentes y ninguna funciona. ¿Cómo he de salir? Pido un número, un boleto, un pasaje para la salida. Allá no hay puerta. Una ventana, dos. Miro ahora y después. Siguen afuera, me esperan. Me quieren decir algo, y susurro con timidez un no. Hasta cuando tengo que soportar las salidas de tanta incomodidad. No me miren. No tengo apellido. Crucigrama; me piden el periódico, es en japonés, contesto.

Un duermevelas, un, dos, el café. No hay nada de comer. La cena no está servida, los apóstoles han salido. Busco entre los papeles las noticias. Desde el diario cibernético, en la radio, las llamadas de familiares y amigos. ¿Y la huelga? ¿El paro nacional? Receso académico, el país se va en quiebra, crisis económica. Distancia, distancia… ¿Y que me incumbe? A mi nada. No es tu problema. Te has ido, ida. No es de menos. ¿Qué iba hacer? ¿Quedarme en casa? Los ricos tienen más, siempre ha sido así. Tienen sirvientes, amas de llaves, lujos y chabacanería también. ¿Para qué entonces luchar? ¿Con manos y piernas? No, no voy a caminar allí, volar, volar a la isla, no. Imposible. La última vez que partí, tuve que hacer trizas del cielo, de un re-morir por ida. Desde las nubes un renacer de lunas menguantes. Solo es una distancia, al fin de cuentas es muy poco, de tiempo y con el cielo moriviví.

Apuesto, a que hay un asunto endeble en la libertad. Quieren debilitar la educación y la posibilidad de enriquecimiento social. La forma de tener un pueblo esclavizado se logra cuando se usa la historia como plato de tercera mesa, como plato de tercer mundo. Nos dan una realidad ajena. La educación es un derecho, no un privilegio. ¿Por qué ida? Salí, de casa con el pretexto de crecer un poco, crecimiento a sus anchas, de gordura. Me he comido la gran manzana con sus gusanos y sus pecados. Me he llenado la panza de gula y de placeres. He comido camarones con petróleo, con aceite de caballo y con tuercas de las vías subterráneas desechas en el mar. He dicho ya mil veces que hay algo de soledad que atormenta, pero que forma. engulle, y atraganta. Tanta ciudad, indigesta.

A cada tres líneas busco distracción. ¿Por qué escogí escribir? Repaso la lista en donde he dejado los apuntes de los requisitos literarios. Ficción, no ficción, leer en voz baja y alta. Leo, leo palabra a palabra. ¿realidad o invención? Acaso, la literatura no es una ficcionalizar de lo que se escribe (de lo que se lee) es pura perspectiva imaginaria.

Una taza de café, señora. Ama de casa, ama de casa. No recuerdo como se le habla a las mujeres que se tiene en la casa para limpiar y para mantener el orden doméstico. Señora, señora un cafecito. Se ha acabo el tiempo, eso dicen. Un cafecito le he pedido. Espero, espero, ella no llega. No tengo ama de casa, nunca la he tenido. No tengo sortija, ni trajes; quizás, dos o tres carteras tejidas que en el pasar citadino se van rompiendo y así pierdo las llaves, como también el pote de pepper spray que siempre llevo conmigo. Aún hace frío, pienso en el calor y en la huelga que dejé pasar. He dejado el calor de la isla, el sudor entre las tetas, y las gotas bajándome por el ombligo. Aquí tengo la isla metía en el pecho, y me revienta, estar, acá tan distante, lejos de casa. Haciendo planes sociales con este alejamiento de entes que leen y des-leen.

Es así, que de tanto conformismo tendremos que darle el pezón a un tanque de carro. distanciarnos de casa, para ver la casa con otro tipo de detenimiento. Revolución para mi casa. ¿La familia es un privilegio? ¿La familia es un derecho? ¿La educación es un privilegio? Creo que siempre he entendido las cosas al revés. Salí de una casa con una educación hecha de valores y de creencias básicas de lucha. Pero todo parece hacer una reversa.

“El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo”. Nicolás Maquiávelo

Es más que obvio, nuestro príncipe gobernador no está trabajando. Primero dice, que la educación es un privilegio cuando es asunto legítimo para el pueblo. Si sólo el rico es quien se enriquece, y el pobre se empobrece.

¿En dónde queda el límite del amigo y del enemigo?

El absurdo: el pueblo de Puerto Rico, como una motora que carga un cuerpo muerto. Así apareció en las noticias lo siguiente, muere un joven de 22 años y su última petición a sus padres fue que lo velaran trepado en su motora roja y negra marca Honda. Lo más impresionante del asunto eran las fotos que salieron en el periódico en donde se percibe el cuerpo exangüe, estirado, tieso y de goma adherido a la maquina. Por una parte, la presunta muerte se debe a cuatro tiros que le hicieron durante la noche. Solo se dice, que el joven era mensajero. Que vivía en la calle y para la calle; vecino de Barrio Obrero en Santurce. Pues obviamente, hay que trabajar en la calle cuando no existe una educación de derecho, y más cuando dejan desempleados a más  17,000 trabajadores públicos.

Y al fin de todas, ¿Qué se hace con todo esto? Nada, seguir en el conformismo, en la des memorización, en huelgas y huelgas. A partir de esto no sucede nada más. En mi isla todo es olvido. Un olvido de muerto.

No me queda más, que despegarme del asunto o del santo, y hacer las tareas que sí me pertenecen. Mascullo. Otro café, señorita, sí, otro café. Cuando le sea posible, necesito que realice un mandato al supermercado, debo seguir escribiendo. Pero, aquí ya no hay nada para comer, o bueno, mejor dicho, necesito varias cosas para la alacena. Cuando pueda va y me trae unas cebollitas, pimiento, ajo, papas. Sí, sí, quiero unas papas para asar, tienen que ser de las pequeñitas violetas, las rosadas. ¡Vaya,  gracias!

Es así, como volteo la cabeza para asegurarme que no estoy inventando personajes, ni voces. Clickeo save al documento; me visto ya de menos ropa para salir y hacer aquellas cosas que nadie puede hacer por mí. Antes, tengo que pasear a Cuca, a mi perrita de seis meses, para que haga sus necesidades, es así como me encuentro al hombre más indeseable de mi vida nuyorquina. Se llama Jerome, es el super del edificio, por su apariencia y su dialecto del inglés, parece jamaiquino. Él siempre está muy desaliñado, tiene un olor a cobre, ese olor lo percibo desde antes de tenerlo en mi presencia. Siempre tiene la misma ropa, una camisa blanca con líneas rojas y un mahón con el zipper abierto; de vez en cuando sale al frente del apartamento a fumar cigarrillos. Nunca lo miro, ni le sonrío, pero siempre está ahí. Caminando con mi niña recibo un comentario de él, ya la perra está grande, y  le contesto cortadamente: sí. Y lo sigo. Ya cuando estoy de regreso él con su voz ensordecedora me llama y me reclama muy ordinariamente por el sucio que Cuca realizó, según él, en la entrada. No hago mas que quedarme inmóvil, me hago de la desentendida, le digo que no hablo inglés, que no entiendo, que mi niña no hace sus necesidades ahí, ni en ningún lugar cerca del edificio. Pero él con su voz enfurecida, me reclama que no va a limpiar excrementos de ningún animal. Desde muy distante me acerco al sótano, ya que él me exige mire la plasta tirada allí. Quería dispararle con una trulla de expresiones que en el momento me fue imposible, como siempre que me pasa cuando el coraje y la impresión me deja coartada de las palabras correctas para dejar saber lo que siento a los demás. Me persigue. ¿De qué habla? Probablemente fue él mismo quien se cago en la entrada del edificio, imagino que ni papel de inodoro tiene, y que su casa tiene que ser el vertedero mas próximo de Brooklyn. Llena de furia lo ignoro y sigo caminando. Dejo a Cuca dentro de su cuarto y me voy a la ferretería mas cercana para cambiar la cerradura de todas las puertas y para suplirme de otro pote de pepper spray, no quiero que la gente siga acercándose a mí, y menos si tienen peste a cobre. También pensé llamar a la policía o al 311, al owner del edificio para demostrarle que yo no era ninguna idiota y que sabía defenderme auque no tuviese a mi favor el lenguaje del atragantao.

Ya ahora, cada vez que lo veo salir de su departamento y pararse al frente de mí ventana para fumarse un cigarrillo, cierro automáticamente las cortinas de las ventanas. Ese día olvidé la visita al supermercado y también la cena que quería hacer.

Me di un baño, escuché música durante el anochecer, mientras tanto, seguí buscando alguna información acerca del apellido de Adán y Eva; sobre la huelga, la universidad, la recesión, sobre mis compañeros y sobre todos los muertos de los clasificados del periódico. Llamé a casa, y dije que quería volver, que necesitaba volver a pisar la tierra firme de mi hogar.

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