Vortex: cienciarteficción

por: Editor Conboca

Exhibición – Vortex: cienciarteficción. Este proyecto expositivo se celebro del 8 de julio – 6 de agosto de 2010, en la sala de exhibiciones de la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan. La misma estuvo a cargo del artista y gestor Javier Martínez. 

Ciencia: el arte de la ficción.

¿Qué quieres ser cuando seas grande? Quiero ser científica. Con cinco años estaba convencida que el laboratorio con probetas y beakers burbujeantes con sustancias de colores brillantes, vistiendo extraordinarios poderes y la bata blanca era el lugar para mi. Esta imagen la construí a partir de los distintos programas de televisión que veía con avidez. La televisión para mi, como para muchos niños y niñas a partir de la posguerra, era mi niñera. Me acompañaba temprano en la mañana, a media tarde e incluso tarde en la noche sin volumen para que los adultos no supieran de mi escapada.

Esta niñera que consentía mis fugas me proveía información, me relataba cuentos y ayudaba en la construcción de mi fantasía. Pero también me enseñó un modelo de ciencia muy específico: la ciencia moderna.

La ciencia moderna se plantea desde unas bases sólidas: primero, la duda radical de Descartes que nos obliga a cuestionar el modo en que percibimos la realidad. Según él, nuestros sentidos nos engañan y es sólo a través del cuestionamiento de nuestras percepciones podemos des-cubrir la verdad. La verdad es la segunda proposición de la ciencia moderna. Existe una única y absoluta verdad que espera ser descubierta, tal como nos lo declara la serie televisiva XFiles: “the truth is out there”. Un tercer concepto fundamental es la propuesta de la objetividad entendida como la separación del sujeto del objeto que estudia (he ahí la bata blanca). De tal modo, no importa quién investiga los resultados deben ser los mismos porque el sujeto (su bagaje cultural, su historia o su contexto) no interviene. Además, para garantizar que el dato que se recoge del examen de la realidad sea inteligible para cualquier iniciado, se entroniza el lenguaje matemático, casi como la búsqueda del nombre de Dios a través de la Cábala en el film π (PI). Finalmente, y gracias a Newton, se plantea que es necesario una forma de investigar que sea uniforme: que separe al sujeto del objeto, que nos permita examinar la realidad y descubrir la verdad a través de datos empíricos expresados numéricamente. Así y combinando la inducción y la deducción tenemos el Método Científico.

Lo que hoy llamamos el paradigma de la ciencia moderna, paradójicamente lo aprendí, mucho antes que mi educación formal en la escuela o en la universidad me lo presentara, de la caja mágica: la televisión. La combinación de los programas de televisión y el cine retransmitido en la TV o con las visitas a las salas de cine alimentaron y alimentan incesantemente mi imaginación, mis sueños y mis pesadillas. La imagen es la que propulsa la figuración de otras realidades. Pero estas imágenes no son sólo las visuales. La imagen que construye la palabra (escrita o hablada) es tan poderosa como lo que vemos.  En ocasiones no podemos distinguir entre la imagen sonora y la visual. No sé si es mi imaginación la que elabora los terrores en mis pesadillas, si son residuos del Alien diseñado por Gigger, monstruos de la producción de David Cronenberg o por haber leído Viaje a la Luna de Julio Verne.

En cualquier caso son las imágenes las que, como dije antes, disparan la imaginación y provocan la creación de mundos imaginarios que se consolidan en la ejecución del género que mezcla el conocimiento derivado de la investigación empírica con la quimera: la ciencia ficción.  La combinación de la ficción con la ciencia no es tan clara como aparenta. De primera instancia, parecería que los productores de la ficción elaboran su universo a partir de la ciencia.  Pero una mirada a la trayectoria de este género nos señala una relación compleja y organizada desde posiciones encontradas y aparentemente irreconciliables.  Esta conexión que se asoma como incongruente no lo es.  Es un nexo en el que las partes giran en torno a sí mismas creando un remolino, un vórtice, en el que se hacen indistinguibles. Entonces, no está tan claro que la ficción se nutra de la ciencia.

En ocasiones es la promesa de realidad en la ficción la que inspira a la ciencia.  Por ejemplo, la película Star Wars de 1977 inspiró toda suerte de fenómenos en el ámbito de la Guerra Fría.  Desde el uso discursivo del título del film por el presidente de los EEUU, Ronald Reagan, al referirse al proyecto de defensa de los misiles en órbita, hasta el desarrollo de un campo energético “force field” para aviones de guerra. Esta inspiración bélica culmina treinta años después en 2009 con la presentación de un prototipo para el ejército estadounidense de un gas ionizado que, a ultra baja temperatura, se convierte en un plasma protector y tiene la capacidad de invisibilizar objetos para el radar.

¿Qué podemos figurar que no se haya representado ya desde la ciencia ficción? Poco. Muchas veces los mundos imaginarios son la proyección en el tiempo.  Ya sea que el relato se propone en un tiempo futuro o pasado o que se viaja a través de él, la representación de un tiempo no presente, tema recurrente en la ciencia ficción, caduca tan pronto se plantea. Es decir, tan pronto se expone la idea de cómo será el futuro ahí mismo caduca y se hace obsoleta porque se hace presente. Esto es evidente en el film A Clockwork Orange donde la puesta en escena y los vestuarios del mundo distópico de Kubrik, absolutamente kitsch, delata su momento histórico.

La ciencia moderna en la búsqueda del origen de la vida logró la clonación que ya se había imaginado de manera catastrófica en 2Body Snatchers. La creación de la vida, mito prometeico de robar el fuego a los dioses, se hace indiscutiblemente parte de la colección de obras de ciencia ficción con el Frankenstein de Mary Shelley.  El doctor Frankenstein crea la vida de la materia orgánica muerta utilizando los principios de la ciencia moderna.  En mayo de este año se hace pública la gesta científica que logra crear un “synthetic life form”.  Es decir, la creación sintética (abiogénesis) de una célula cuyos elementos constituyentes son los mismos que los de la sopa orgánica primigenia.

¿Qué podemos soñar que no se haya hecho realidad? Viajes intergalácticos, viajes en el tiempo, teletransportación 3 (a lo “beam me up Scotty”).  Lo que la ciencia no ha alcanzado (aun) lo fantaseamos.  Esa fantasía es lo que se presenta en esta colectiva.  La imaginación de un grupo de personas que utilizando su creatividad nos proponen su visión de un mundo del presente o del futuro donde la ciencia alimenta la ficción o donde la ficción alimenta la ciencia, cual 4Caribdis que se traga todo y todo lo devuelve en un torbellino.

MT MARTÍNEZ DÍEZ
Junio 2010

Para más información sobre la exhibición visita Autogiro.

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