Cuerpo, enfermedad y literatura.

por: Diana Ramos Gutiérrez

“Todo encantamiento ha terminado:
con ello el reino de la posibilidad reside por entero
en nuestras comunes y potentes manos”

Toni Negri

La representación de la muerte es abordada en la literatura como lo que es: el proceso humano del que más incertidumbre sentimos. No tenemos ninguna certeza de lo que es la muerte o la enfermedad, y solo así podemos representarla. Menos aun cuando nos enfrentamos a las enfermedades que nos aquejan actualmente, como la que es utilizada como metáfora por Mario Bellatín en “Salón de Belleza”, el Sida. Esta es una enfermedad en la que “la invasión del organismo es viral y la produce un microorganismo diez mil veces más pequeño que la punta de un alfiler, y sus efectos sociales, en materia de discriminación y estigma, son infinitamente superiores. No sólo eso: el sida soporta una metáfora decisiva: la infección, la contaminación, el contagio. Es un padecimiento con perfil epidemiológico, encaminado a configurar una pandemia. Su transmisión es, primordialmente, de carácter sexual, con lo que suscita una oleada de recriminaciones, anatemas religiosos y denuestos moralistas. No representa en términos científicos y sociales un estado avanzado de desarrollo, sino todo lo contrario, una involución, un retroceso.”

Así como la tuberculosis en el siglo XVIII y XIX representaba la melancolía,  lo romántico, el Sida viene a ser la metáfora que mejor se acomoda a los discursos literarios actuales. Si bien, “el contacto con quien sufre una enfermedad supuestamente misteriosa tiene inevitablemente algo de infracción; o peor, algo de violación de un tabú” (como en el caso del  personaje de peluquero) más transgresivo viene a ser escribir sobre la enfermedad, específicamente sobre esta. Bellatin lo logra con un tono frío y que en ocasiones pretende desviar nuestra atención con símbolos recurrentes (los peces, la homosexualidad, la ciudad, la belleza) que también cumplen un rol particular en su obra. “Se sirve de un lenguaje sencillo, directo, minimalista, pero capaz de transformar algunos signos recurrentes (peces, voz, cuaderno, acuarios, peluquería, Casa, etc.) en símbolos. La frialdad para tratar los temas más escabrosos y sórdidos es otra de las características de Bellatin. Estas descripciones claras y mínimas, de escasa adjetivización, apuntando a lo esencial de las acciones, consiguen dar ese efecto de objetividad y desapasionamiento en sus historias.”

Cabe mencionar el hecho de que en ningun momento el narrador especifica el lugar donde se lleva a cabo la acción, aunque todos podemos reconocer que se trata de una de nuestras ciudades latinoamericanas. De la misma manera, nunca realiza mención alguna de que la enfermedad que ha desencadenado la peste es el sida, aunque los símbolos que utiliza son mas que evidentes y juega con los mitos de la enfermedad. El narrador es homosexual y las llagas y debilidad son propias del estereotipo y los síntomas del sida en su estado avanzado, por ejemplo.

Es usual que el abordaje estético que se le da al cuerpo  en el arte sea de temas como el erotismo y el hedonismo y no “todo lo que el cuerpo significa y expresa: apetito, deseo, instinto, inseguridad, variabilidad, mutación, enfermedad y muerte. (…) Pocas veces se refiere al dolor o a la enfermedad como elementos inherentes a la corporalidad.”. Esta obra trabaja ese cliche, los supera. La razón primordial que tiene el peluquero de ayudar a los moribundos a tener una muerte decente, (para morir en compañía), “es una razón más que ética, estética. El Moridero, que es un sitio adonde van a morir las víctimas de esta innombrable peste, se convierte en la gran metáfora de un mundo decadente, en el que las reglas inventadas por el peluquero están regidas por la resignación, por la inminencia de la muerte y por la indiferencia de hallarles una justificación trascendental. (y de escepticismo).” Así la enfermedad y la muerte vienen a ser metáforas propias de una decadencia social, política y moral que se ha desencadenado en nuestras ciudades. Bellatín apela a una nueva estética que denote estos procesos, sin miedo de caer en lo grotesco o desagradable. Debemos enfrentar al cuerpo con sus deficiencias y posibles deformaciones, tal como a la sociedad. Eso pretende esta literatura.

Susan Sontag afirma que “para quien vive ante la muerte sin consuelo religioso o sin un sentido natural de la misma (ni de nada) la muerte es el misterio obsceno, el ultraje supremo, lo no gobernable.” En el caso de esta enfermedad se muere en causas deplorables y que reducen al ser humano a la miseria, lo deshumanizan. A una enfermedad misteriosa como es aún  el sida “en un principio se le asignan los horrores mas hondos, (la corrupción, la putrefación, la polución, la anomia, la debilidad)” hasta que “la enfermedad misma se vuelve metáfora. Cualquier enfermedad importante cuyos orígenes sean oscuros y su tratamiento ineficaz, tiende a hundirse en significados.”

Lo que Sontag llama “las enfermedades maestras” (como la tuberculosis y el cáncer en representaciones pasadas, en nuestra actualidad el sida) “son mas concretamente polémicas. Se las usa para proponer nuevos criterios de salud individual y para expresar una insatisfaccion por la sociedad como tal.” Vivimos en ciudades que muy poco se parecen a lo que se escribía en lo maravilloso, son caóticas, sucias y violentas, como la enfermedad misma.  Esta literatura apela a  “sumir sus procesos de nuevo en una fusión orgánica del individuo y la sociedad.” No hacerlo sería seguir alimentando una utopía, ocultaría  la evidente necesidad “de alternativas prácticas y factibles a la realidad existente, generaría ilusiones, falsas conciencias del mundo, parte de viejas formas de pensar la realidad y nuestro ser.”

La utilización de la enfermedad en la literatura llama a un nuevo orden, a una nueva percepción mas orgánica y que encara a la persona con una vuelta a la significación de su cuerpo y de éste como un reflejo de la sociedad. “Las metáforas patológicas modernas definen por analogía con la salud física un ideal de salud social, que tanto puede ser una actitud política como un llamado a un nuevo orden político.” En el caso de la literatura hispanoamericana, y particularmente en el caso de Salón de Belleza se propone un nuevo orden social y moral a partir de una peste, de un caos masivo lleno de incertidumbre y del misterio propio de la enfermedad.

Es hora de que nos planteemos nuevos paradigmas que respondan a esa incertidumbre en que vivimos, que nos ayuden a entender y a continuar con el proyecto de una modernidad que aún no ha terminado y de unas sociedades a las que le falta mucho por construir y trabajar. Esto es lo que desean construir escritores como Bellatín. “La desacralización del discurso de la Modernidad también es importante, así como mostrar la crisis de la utopía, o en otras palabras la falta de fe en un progreso histórico (que, en lo literario, impide que la novela se plantee trascendentalmente como un reordenamiento de la realidad).”

La literatura hispanoamericana contemporánea, como ejemplifico en este caso, propone un rompimiento con las utopías y las valoraciones éticas y morales predeterminadas por los discursos políticos, morales y sociales a los que nos hemos enfrentado en los últimos siglos. “La condición humana ha sido interpretada (…) como fundamento estricto del bien o del mal, modificado por la cultura, pero siempre a partir de una perfección hobbesiana o roussoniana. Las señales de nuestra imperfección, que identifican a la especie, no han sido nunca reconocidas como lo que sencillamente son, esto es, los resultados de los procesos inciertos de la evolución.”

Este rompimiento, fuera de ser fatalista o pesimista, propone una desutopía para trabajar con el proyecto, pues es la única manera en la que se podría concebir “un mañana conflictual, abierto, sometido a las decisiones humanas. Todo futuro implica incertidumbre. El futuro está formado por múltiples e inimaginables posibilidades.”

Desde la incertidumbre del cuerpo y de la enfermedad se pretende cuestionar el caos y buscar una posible cura a las enfermedades (sociales y morales principalmente) que nos aquejan. Susan Sontag nos afirma que “todo estilo comporta una decisión epistemológica, una interpretación de cómo y qué percibimos”.

Roland Barthes comenta que para él “la literatura no es un corpus de obras, tampoco una categoría intelectual, sino una práctica de escritura; una suma de saberes donde no existe un tema general que pueda fijar, o fetichizar, a ninguno pues cada saber tiene un lugar indirecto que hace posible el diálogo con su tiempo.” En mi opinión esto es lo que se desea trabajar. Un diálogo contínuo con nuestras deficiencias y fortalezas, que nos ayude a destruir lo que nos pueda hacer pensar en soluciones  idealistas  y que nos acerque más a la realidad que vivimos, para así contextualizarla, modelarla y modificarla.

Bibliografía

Bellatín, Mario. “Salón de Belleza”.

Corrales Arias, Adriano. “El cuerpo en la literatura o la literatura del cuerpo”.

Ildefonso, Miguel. “La Postmodernidad en Tres Novelas De Mario Bellatín
”.

Sontag, Susan. “La enfermedad como metáfora”.

Sontag, Susan. “El sida como metáfora”.

Vaknin, Johnathan. “Metáfora contagiosa: AIDS and Metaphor in the Hispanic Caribbean”.

Vera, Juan Manuel. “Utopía y pensamiento disutópico”.

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