Género y cultura en el desarrollo del estado muñocista

por: Claudia Becerra

Con un hálito evidente de rencor, René Marqués se manifiesta en torno a su generación de escritores, quienes, según el escritor de “El puertorriqueño dócil”, han logrado las caracterizaciones femeninas más profundas y de mayor importancia hasta entonces en la literatura puertorriqueña.  Para éste, el nuevo rol protagónico de la mujer en la literatura se debe al disloque de los valores del pater familiae, como efecto inmediato del recién estrenado matriarcado, el cual viene a constatar la docilidad instaurada en el carácter del puertorriqueño. El escritor frente a la concepción de la mujer surge, en opinión de Marqués, como método de lucha, como la voz de protesta ante la posición de segundo orden en la que se ha visto colocado el hombre.  En su controvertible ensayo “El puertorriqueño dócil”, Marqués establece que el escritor se hace en la medida en que éste puede adentrarse eficazmente en aquel mundo opuesto que figura en la mujer. Es decir, como bien explica la crítica Agnes Lugo Ortiz, su “penetración y posesión simbólica se presentan como el ‘a través’ mediante el cual el escritor alcanza su madurez; o por decirlo en términos afines a él, mediante el cual el escritor ‘se hace hombre’” (Lugo-Ortiz, 150).  Esto último resulta interesante, pues es en la captación de lo femenino donde se constata la crisis en que el propio agente viril ha entrado.  Se es escritor, se deviene en hombre, en la medida en que se logra aprehender lo que se ha considerado como el enigma de lo femenino.  Es por medio del ideario femenino que René Marqués desarrolla una propuesta para reinstaurar la nación viril y homosocial que éste defiende férreamente.

             Ahora bien, a partir de lo anterior, se puede entrever ese tránsito que se da a través de la figura de la mujer, quien surge como elemento imprescindible del proyecto de modernización de la década del cuarenta.  La DivEdCo (División de Educación de la Comunidad) surge como proyecto pedagógico-cultural que el gobierno muñocista utiliza como uno de los múltiples medios para construir y consolidar un arquetipo que gire en torno al nuevo ciudadano del Estado Libre Asociado.   Asimismo, era un plan que, en más de un sentido y de manera controvertible, se puede vincular con la labor de René Marqués, quien suscita una serie de contradicciones al momento de estudiarlo íntegramente como intelectual y hombre de acción.  Ciertamente, a René Marqués se le conoce como un escritor que se coloca en oposición directa con todo el proyecto muñocista.  Paralelamente, éste es uno de los miembros más importantes de la DivEdCo, entidad que promulgaba las ideologías del estado muñocista.  Por tanto, hablar de René Marqués nos coloca en un espacio ambiguo, que permite entrever las relaciones paradójicas que se libraban al interior de este proyecto político.  Entonces, cabe señalar cómo tanto el proyecto muñocista como el trabajo intelectual de Marqués, no son tan dispares pues retoman la figura femenina como eje central de sus propuestas.

Por otro lado, en el ensayo Education and Loss de Licia Fiol-Matta, ésta apunta a la mitificación de la figura del jíbaro, en aras de articular una identidad cohesiva alrededor de la concepción de la puertorriqueñidad: “one of the critical achievements of the Popular Democratic Party was the mass circulation of the image of the jíbraro…Examples on how the elite saw this class of rural people and how the jíbaros literally became an experiment in the liberal fantasy of modernization are abundant” (Fiol Matta, 192).  De la misma manera en que el jíbaro o el imaginario del mismo sufrió la masificación de su figura como ente simbólico, representativo de toda una cultura,  la figura de la mujer se vio trastocada por esta vertiginosa construcción de idearios.  La preocupación constante que surge en torno a la posición de la mujer, a su rol tanto social como en el entorno privado del hogar, se ve trabajado en el producto cultural de la DiVedCo.  De aquí que dediquen libros para el pueblo como La mujer y sus derechos y Cuatro cuentos de mujeres, donde se trabaja la problemática que supone pensar sobre la mujer, enmarcada dentro del Estado Libre Asociado, proyecto político que iba en busca del ciudadano moderno.

            Cuatro cuentos de mujeres, consta de unas narraciones breves- con la colaboración de escritores como Emilio Díaz Valcárcel, Edwin Figueroa, Juan Martínez Capó y Réne Marqués- donde se coloca a una mujer en una situación dificultosa.  Ésta debe resolver el conflicto y reafirmarse en ciertos valores, claro está, son valores que coinciden con los valores promulgados por el gobierno.  Las narraciones resultan interesantes, precisamente por sus intenciones de entrar de lleno, es decir, de penetrar profundamente a la figura de la mujer: “Vamos, en cambio, a abordar a la mujer como ser humano, como individuo.  Vamos a ver a la mujer, no en su responsabilidad social y política para con la comunidad y la sociedad en que vive, sino en su intimidad” (Marqués, 5).  Esto último implica una invasión, posiblemente mayor a la que se le pudo haber hecho a la figura del jíbaro, pues resulta en una intrusión casi quirúrgica, que pretende estudiar, aprehender y amaestrar la personalidad femenina.

Ahora bien, en términos de propósito, la DivEdCo y René Marqués no pueden estar más de acuerdo: tienen un fin didáctico que se extiende al manejo y la construcción del imaginario femenino.  No obstante, en términos temáticos surge una clara disyuntiva, pues la DivEdCo reconoce, dentro de ciertas demarcaciones, el ascenso social de la mujer dentro de la jerarquía de relaciones de género.  René Marqués, por otro lado, percibe este ascenso como el menoscabo de todos los valores que fundamentan y representan la esencia de la sociedad puertorriqueña.  Por tal razón muchos de los textos de Marqués se caracterizan por una nostalgia entrañable, ya sea una añoranza por los tiempos de España o de la figura suprema del pater familae.  Por otra parte, si bien estos cuatro cuentos desarrollan sus tramas alrededor de unas mujeres que tienen que resolver algún problema por sí mismas, el hombre no es parte de la solución, sino del problema: en “La rifa”, María Guevara sufre la infidelidad de su enamorado; en “El rebelde”, ante la muerte de su esposo, la mujer no sabe si revelarle la identidad del padre a su hija; en “El milagrito de San Antonio”, la viejita siente una confusión religiosa ante la perspectiva moderna de un sacerdote; y en “Chela”, la mujer con un defecto físico, duda si es merecedora de una felicidad, sólo alcanzable a través del matrimonio.  En fin, los cuentos elaboran una imagen particular, donde las mujeres dan la impresión de “hacerse” a sí mismas, independientes de la figura del hombre.  Se trata de dar la impresión, pues al igual que la película “¿Qué opina la mujer”, el discurso protagónico de la mujer está mediado por la voz autoritaria de quien escribe el libreto, René Marqués.  En el caso particular de Cuatro cuentos de mujeres, René Marqués está en función de editor de los textos.  No obstante, en cuanto respecta el trabajo de la DivEdCo, el discurso patriarcal que tanto Marqués defiende no es tan evidente.  En su texto, Literatura y paternalismo en Puerto Rico, Juan Gelpí subraya que “[…] la constitución del canon literario ha tenido como meta imponer un consenso, una cohesión, a través de una retórica en la cual se privilegian metáforas totalizantes que colindan con instituciones disciplinarias: la familia, la escuela y la casa” (Gelpí, 16).  Por tanto, esta voluntad de poder se ve trastocada, pues en el cuento “El rebelde”, por ejemplo, la familia está compuesta de madre e hija, el padre está ausente. El aprendizaje que, dentro del canon paternalista emana de la figura autoritaria del padre, en este caso procede de las mujeres de la propia comunidad, así como en “La rifa”, o de la madre misma, como en  el caso del personaje de Chela.  Por lo tanto, estos cuentos reflejan la crisis del discurso paternalista, a la vez que socavan al mismo.  Esto, ciertamente, sin obviar el nacionalismo cultural que permea en los textos que, como indica Gelpí, es también una manifestación del canon paternalista, como se presenta en el cuento escrito por el propio Marqués, “El milagrito de San Antonio”.

            Bien es cierto que no hubo modernidad sin la intervención directa e indirecta sobre la mujer.  Esto se vuelve aún más evidente al estudiar el ataque mediático que hubo a través de los textos y las películas de la DivEdCo.  Es el tráfico simbólico de la mujer del cual Agnes Lugo Ortíz habla, “ese modo de consumo cultural en el que se activa de forma cómplice el exhibicionismo público de la posesión” (Lugo Ortíz ,151), lo que le dio, en parte, coherencia a un proyecto de país e, incluso, a una generación de escritores.  Se trataba de todo un juego de construcciones, del discurso fundacional que, en gran medida, se produce a partir de las delimitaciones de género.

Bibliografía:

Díaz Valcárcel, Emilio; Figueroa, Edwin; Marqués, René y Martínez Capó, Juan.  Cuatro cuentos de mujeres.  Departamento de Instrucción Pública, 1959.

Gelpí, Juan.  Literatura y paternalismo en Puerto Rico. San Juan: Universidad de Puerto Rico, 2005.

Fiol Matta, Licia.  “Education and Loss”.  A Queer Mother for the Nation: The State and Gabriela Mistral.  Minneapolis: University of Minnesota, 2002.

Lugo-Ortiz, Agnes.  “Notas sobre el tráfico simbólico de mujeres: homosocialidad, identidad nacional y modernidad literaria en Puerto Rico”.  Estudios.  Jul-dic 1996.  147-156.

Marqués, René.  “El puertorriqueño dócil”.  El puertorriqueño dócil y otros ensayos 1953- 1971.  San Juan: Editorial Antillana, 1993.

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