Del humor y lo político

por: Dialitza Colon

Actualmente, se considera al humor como indicio de salud democrática. Pero también está vinculado a todo aquello que, dicho fuera del sentido de la broma o el chiste, podría causar ofensa o rechazo por la opinión política y/o cultural de un determinado grupo. Y sin embargo, entre las formas más elevadas del pensamiento se encuentra el humor, la ironía. Es un rasgo de madurez e inteligencia, como sistema de creencias no-dogmático. Es en este sentido que me gustaría perfilar una idea entorno al trabajo y obra de Osvaldo Budet: el humor como herramienta de transformación política. Para afirmar ese predicado harían faltan muchas más líneas de las que dispongo aquí. Aún así me gustaría esbozar la idea a partir de su obra, donde es posible una conciliación entre la ya promulgada distancia entre el humor y el compromiso político. Para Adorno: “la función social del arte consiste en no tener ninguna”, entonces ¿porque ahondar en la relación entre arte y política? Si entendemos lo político no cómo la lucha y el ejercicio del poder, sino el espacio donde lo antagónico y el disenso ponen cuestión las políticas establecidas, entonces ahí el arte ha tenido y, creo, siempre tendrá un lugar privilegiado. Pues como afirma el filósofo francés Jacques Rancière: “el arte consiste en construir espacios y relaciones para configurar material y simbólicamente el territorio común”. Es en ese ocupar “el territorio común”, en la manera en que reconfigura las relaciones entre los sujetos, las imágenes, lo común o lo particular, es ahí donde el arte tiene que ver con la política. Y es por eso que el arte de una manera u otra siempre ha estado en relación con la política.

El humor por su parte a tendido a distanciarse del arte radical o político, aduciéndosele cierta gratuidad y superficialidad. Sin embrago, el humor no es únicamente como indicó Hegel, relativizador o para frasearlo como Deleuze “el arte de las superficies”. El humor es también, junto con la risa, como advirtiera Benjamin, el mejor punto de arranque para el pensamiento. Las pinturas o imágenes creadas por Budet, se me presentan con mucha ironía y humor, sin menguar su carácter altamente crítico y denunciador. Su forma políticamente incorrecta e irónica, dotan a sus piezas de un carácter peculiar y nada simplificador.

Sus trabajos narran situaciones históricas o apenas distinguibles de la vida cotidiana, y nos pone en el lugar de hablar de posibles utopías.  Juega con la idea del poder emancipador del arte mediante episodios históricos que ponen en cuestión lo verídico mismo de la historia. Se sumerge dentro de la historia para expandir el imaginario de la condición política puertorriqueña. Con una evidente pasión por el documento, los aspectos formales en su trabajo hacen referencia directa al material fílmico y al documental. A través del uso del oxido de hierro, la pintura de plata, el aluminio, el polvo de diamante, etc… sus cuadros son producidos como fotogramas de una historia de liberación. Reconociéndose a sí mismo dentro de las estridencias y complejidades que supone el régimen colonial, va en busca de formas de re-escenificarse dentro de la pintura como un agente activo en la acción.  En esta puesta en escena o re-escenificación, Budet reivindica, –de forma más distendida o humorística que señalizadora–, su deseo de una nación independiente, por no utilizar el termino soberana. Como un documentalista, investiga y dispone sus imágenes como formatos posibles de trabajo, o co-extensividad de otra realidad.

En fin, podríamos plantearnos la pregunta de si es legítimo dotar al arte de una función política sustitutiva. Una legítima respuesta sería, que no se le puede pedir al arte lo que la política, con sus déficits, es incapaz de conciliar. Por otra parte, no hay efectos ni funciones necesarias e intrínsecas a las obras de arte. Sin embargo, el arte en sus múltiples formas puede incidir y reflexionar sobre diferentes asuntos que de otras formas sería difícil de abordar. La experiencia estética contribuye a la configuración de un espacio común y produce la distancia necesaria para alcanzar otros espacios de reflexión. Las piezas de Budet, enmarcadas dentro de la reflexión histórica y salpicada con la ironía de la “historia contada como cuento” y/o poniendo en cuestión la misma veracidad de esta, hablan sobre muchas cosas, no sólo de lo social y lo político –ese tema tan recurrente dentro de la historia del arte–. Lo que la hace interesante es aquello de lo que es testimonio y sobre lo que la hace justamente posible: la condición colonial y la manera de articular esa misma inquietud. La manera en que ha reconstruido su imaginario y provocando una evolución en las formas discursivas. En las que, a palabras de Benjamin, “una conmoción del diafragma ofrece casi siempre mejores perspectivas al pensamiento que la conmoción del alma”.

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