Nuestra propia Rosa Parks o crónica de una negra pará (Con esto me quedo de De Ruth)

por: Yolanda Arroyo Pizarro

En memoria de Ruth Fernández (23 de mayo de 1916 –9 de enero de 2012)

El 1 de diciembre de 1955, Estados Unidos se enfrentaba a una de las luchas más cruentas por los derechos humanos en la historia del planeta.  De hecho, en un pueblito de Alabama, Rosa Parks se negaba a obedecer al chofer de un autobús público, que quería obligarla a seguir las leyes de entonces sobre la segregación.  La regulación consistía en ceder su asiento a una persona blanca. Fue encarcelada por negarse, por quedarse sentada, habiendo de este modo perturbado el orden social y moral.

Pero 15 años antes, ya en Puerto Rico habíamos estrenado una “Rosa Parks”.  Ruth Fernández en 1940 desafío el orden machista y racista de la clase hegemónica cuando el poderosísimo Hotel Condado le exigió a ella, por ser negra, entrar por la puerta de la cocina.  Ruth, como era una “negra pará” (frase que usamos los puertorriqueños refiriéndonos al orgullo de ostentar sin vergüenza nuestro color de piel negra), entró por la puerta principal y cuentan que “erguida de virtud, caminó pavoneada por medio del salón principal hasta la tarima”, uniéndose a la orquesta Whoopee Kids, con la que cantaría un repertorio.

A partir de aquel momento, y a pesar del soponcio de indignación que esto provocó en los que “mandaban el país”, se vino abajo tal prohibición aberrante.  No solamente contra los músicos negros y las mujeres artistas, sino contra cualquier ciudadano.  Dicen que la burguesía lo protestó por lo bajo, a escondidas, ya que incluso a esas alturas existían negros de alta alcurnia. Pocos, pero ahí estaban.

Ruth Fernández, la artista, la gran cantante, “la Negra de Ponce” y “El Alma de Puerto Rico hecha Canción” se convirtió en la primera mujer en cantar en una emisora de radio en la Isla (WPRT y WPAB, en Ponce), cuando sólo tenía 14 años de edad. En la década de los 50 se convirtió en la primera mujer boricua y latina en actuar en los prestigiosos Metropolitan Opera House y Carnegie Hall, en Nueva York. Igualmente será recordada por haber sido la primera fémina en “encabezar una agrupación de música popular en Puerto Rico;  la primera cantante latina en presentarse en los países escandinavos; la primera en grabar con una orquesta norteamericana y la primera vocalista en ser electa a la Legislatura de su país.” Fue reconocida por sus simpáticas y emblemáticas frases: “Arriba corazones” y “Gracias, mundo”.

Desde ayer lloramos su muerte, no solo los puertorriqueños y ponceños, de donde era oriunda, sino el mundo entero.  Noticiarios, blogs, twitteros y facebukeros hoy la recuerdan con más de 23 millones de notas en internet generadas por su partida.

Yo la recordaré siempre porque me enseñó a ser pará.  Negra y pará.  De ella, con eso me quedo.

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