La poesía de Catulo o la infamia de Silén

por: Jorge Lefevre

“[…] la musa inspira a los poetas, éstos comunican a otros su entusiasmo, y se forma una cadena de inspirados.” – Ion o de la poesía, Platón

“¡Oh, muerte, tú, poeta, / que has tejido y has unido / y has bebido / los cisnes derramados de mi cuerpo! // ¡Bébeme! / ¡Festéjame tú, como si / estuvieras celebrando las musas de mi luto! ¡Oh, madre, (Oh, Mirra mía)! / ¡Celébrame tú, en el asesino de las musas!”

 “Eres la canción que / canta en tu silencio. // Y silencio de ti / que canto en tus canciones.”

– Yván Silén

Un fantasma recorre los pasillos de Humanidades: el poeta Yván Silén. Ha sido ambivalente la recepción que han tenido sus textos;  su obra en gran parte permanece en letargo, ignorada por la crítica o, en el mejor de los casos, recibida fríamente, con poca atención más allá de algunas voces dispersas que reclaman justicia poética.

El mismo destino parecía que atravesaba Catulo o la infamia de Roma, su último poemario, hasta que el jurado de poesía del PEN Club de Puerto Rico decidió galardonarlo con el Premio de Poesía 2011. Como la Filí-Melé de uno de sus trabajos primerizos, el poemario parece haber resucitado  y ahora vuelve a cantar.

Siguiendo la tradición greco-romana, Gayo Valerio Catulo se vuelve el poeta poseído por Silén, quien hace de este poemario un gran canto. El mundo greco-latino le sirve como pie forzado, pero el poemario está atravesado por todas las lecturas que ha hecho el poeta; más que tributo, es una apropiación. Es un libro extenso (sobrepasa las 150 páginas y tiene más de 100 poemas) y requiere mucho del lector, tanto en dominio de mitología y de las otras fuentes que lo nutren como por sus imágenes chocantes. Las obsesiones del poeta están muy presentes: el ser y el poeta (o el ser poeta) –  que quizá sean lo fundamental de su escritura, desde donde todo se desprende –  irrumpen a lo largo del texto.

A pesar de que la escritura de Silén está en constante transformación – ignoramos la palabra “evolución” para evitar la idea de que existe un “progreso”, como si su poesía actual superara la anterior –, su estética está inconfundiblemente presente en Catulo. Ella implica una libertá desenfrenada que sólo es posible a través de la apertura total de lo inconsciente; lo inconsciente es lo encarcelado por el poder, y, al liberarlo en la escritura, ésta se vuelve subversiva. Por eso su poesía expresa un amor intenso que confunde (y une) la pasión metafísica con la pulsión carnal.

¡Quiero que me leas ahora,
y me laves eterno y te vengas infinita!
¡Quiero que te vengas y te vayas chorreando espuma
de mar entre las lunas!
Quiero que me huelas, me hurtes y
me lamas el hongo de tus brazos en aspas y
que me cubras el falo con tu vulva de ascua
con tu mano de erizo
me cubras el alma de l’araña
que no existe entre tus huesos,
y con tu boca d’Hera loca me beses,
y con tu lengua de Leda
y con tu ano de Lesbia!

Las imágenes eróticas que componen la porno-lírica del poemario son quizá las más fuertes dentro de la obra poética del autor. No es de sorprender que este aumento en intensidad ocurra – y se vuelva necesario – en estos años de neoliberalismo rampante, de atropellos de libertades básicas y de mediocridad absoluta. Algunos frenan la lectura, espantados con lo que consideran vulgaridad. En alguna ocasión ha dicho el poeta que los escritores “quieren hablar del cuerpo sin nombrarlo”; aquí no hay miedo de llamar las cosas por su nombre pero hay muchos que temen escuchar.

No quiere decir esto que en Catulo el lirismo se haya quedado en las sombras. Los versos hablan por sí mismos. Ni en sus momentos de mayor agresividad hay una pérdida de la belleza, sino que, al contrario, se produce un desbordamiento de emociones e impresiones producto de las imágenes que oscilan entre lo onírico y lo erótico. Mas también hay momentos de mayor sobriedad, de igual hermosura.

No quiero sentir miedo
cuando cruces descalza
los lotos de los parques…

No quiero pensar que no
vendrás amontonando tu
sombra en las cuentas.

No quiero pensar que no existes
como si fueras una lluvia
en los speculum húmeros
de los sueños.

Y no quiero sentir miedo
como si te hubieras
cortado la garganta. No
quiero soñar porque no vendrás
arrastrando tu ataúd
contra las rosas.

El poeta vuelve a cantar, pero esta vez se le escucha. Quizá llegará el día en que será conocido en la América Latina, junto con los otros grandes poetas, pero el silencio de la crítica y la condición colonial que sólo le ha permitido “la salida” a unos pocos poetas del suelo puertorriqueño aún lo impiden. Por ahora, hablemos de Catulo o la infamia de Roma.P

¿Dónde estoy ahora que no paso?
¿Qué camino tomó mi alma, o qué
sendero tomó mi cuerpo? Entre ambos
desconcertado tropiezo, voy, me hallo

… y vuelvo a extraviarme en lo encontrado.
Todo es como agua que corre o como
noche que pasa. Todo es como lo oculto,
lo remoto, lo imposible, lo precario.

Todo es como yo que paso.
Todo es como la rosa que muere.
Todo es como la sed y el agua.

¿Dónde estoy ahora que he pasado?
¿Dónde ha caído el agua que no llueve?
¿Dónde se ha detenido la muerte que no (te) sueña?

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