Leer a Empírea o el juego literario de la posibilidad imposible

por: Yolanda Arroyo Pizarro

«En el principio creaste todo
un niño jugando a ser Dios
un niño que exigía la atención sin divisiones
de su creación.»
El principio del fin

 «Un último disparo de tu semen
como seda de araña
te cuelga al espacio flotante
de un mundo primigenio.»
El ciclo de la araña

Figuras imposibles. David Caleb Acevedo trabaja la mitología subvertida, figurada, de imposibilidades atrayentes.  En él su creación artística convierte el mito en parte intrínseca del mitólogo, del dueño de la verdad que cuenta y diseña. Al mito recién dibujado por Acevedo le pertenece la historia.  A la historia le pertenece el autor.  El autor es parte del mito. Figuras imposibles, espiral de Moebius, ergosfera, once dimensiones y horizonte de eventos… entonces nace este libro: Empírea.

Se cree que Empírea es la parte más elevada de los cielos, habitada por los dioses, únicamente asequible por motivo de trance profundo o descubrimiento de portal dimensional. Algunos otros le han llamado el cielo de los bienaventurados, de los seres supremos o divinos. Según la cosmología antigua, se catalogaba como la más elevada de las esferas celestes, lo que hoy día un Stephen Hawkins o Michio Kaku llamarían el centro de una galaxia con núcleo activo. Acevedo se coloca en ese centro, y desde ahí narra lo que discurre en la posibilidad poética e imposibilidad humana: el juego de los Supra seres, de las deidades del hades.  El poeta entra en la nebulosa conjugada de los tantos credos para entregarnos una hostia, un corpus transmutado en manjar.

En la ergosfera, esa región exterior y cercana al horizonte de eventos de un agujero negro, ahora aplicada a este libro, se probabiliza el discurrir del universo y se establece el principio en el tiempo y su limitación espacio-temporal desde Amaterasu la diosa del Sol en el Sintoísmo:

Levanta, Amaterasu, y derrota al dragón de 8 cabezas

antes que Hiroshima y Nagasaki sean destruidas

por la lánguida luz de los hongos blancos.

(…)

Amaterasu, loba, madre, mujer

reúne a todos tus rómulos y remos

hijos kami de tu cola-brocha

enciende dos inciensos de artemisia

y hazte humo.

Tus aullidos son el lenguaje que forma los pueblos y las culturas

El poemario, que es a la vez un planisferio y un homenaje al cómic de héroes legendarios, posteriormente examina de forma extensiva las cuestiones antinomias, es decir, contradicciones de la razón pura, mientras se esbozan imágenes de Bastet, diosa de la mitología egipcia y protectora del hogar y los gatos. En ella hay principio, antítesis, y un pecado original siempre latente, mezclados con la fábula testigojehovaeña:

Bastet, caminarás trece ligas más,

que son 144,000 losetas de gigantescas esmeraldas

y polvo de arena

hasta llegar a Empírea

la nova que usó Lucifer

cuando guió a los tres reyes magos hacia Jesús.

Anubis, señor de los muertos y el río Nilo, es el encargado de guiarnos el espíritu.  A él el poeta le increpa exigente:

Hay oscuridades más negras que otras

y la tuya, Anubis, es el destino de los perros

perseguir para siempre a los hijos de Bastet y a los humanos,

encerrarlos en la oscuridad de tus mandíbulas

y dejar la llave afuera.

(…)

Dijiste que irías a Empírea en busca de la gata diosa

amante perdida de las relaciones de amor y odio

sólo puedes, en el camino, hacer valer tu promesa:

llevas una urna con las cenizas de los héroes:

Reynaldo Arenas, Manuel Ramos Otero, Kurt Cobain

esparces un poco en las aguas,

Clarice Lispector, Virginia Woolf, Sylvia Plath

 

Kwan Yin, con su cuerpo de bodhisattva de la compasión y venerada por los budistas,  nos da a probar de su fruta/grupa del sincretismo, mientras el desaire y la decepción de los inmortales hace de las suyas en estos versos:

Tu amante desaparece, Kwan Yin, cuando levitar deja de ser

cuestión de espíritu y santidad

para hacerse escape del mundo insoportable

del sufrimiento,

En la mitología nórdica, un Asgard adolorido rodea una muralla incompleta desde la montada de un caballo semental, se transmuta por obra y gracia de algún espíritu santo, vuelto Odín, y el autor cuestiona la osadía terrenal:

Tienes que salvar el mundo una vez más, Odín

morir otra vez boca abajo

para que tu sangre se vuelva palabra sin voz necesaria.

Por eso pisas la hierba mojada mientras comes mantecado,

regalos de otro dios más fuerte y menos benigno

Mi mito favorito es El mundo de Elijah (Elijah, el niño dios que murió en el 1998). Desde allí se nos pinta un juego de Wii o Playstation donde el autor construye una recreación de obituarios que representan las imposibilidades / posibilidades de los ciclos, sus metamorfosises, la estructura de superficie (finita o infinita) de un consuelo encontrado en la explicación del por qué estamos aquí, no solo en el planeta, sino en este momento histórico, leyéndonos este libro…

Te montas en tu auto anfibio y dejas la Plaza

con sus caminantes venas propias

conduciendo hacia una fantasía final que perdure mucho más

que las Bodas del Cordero

y el Paraíso que prometen los Testigos de Jehová;

hacia la nada, no para perderte,

sino para reunirte, pequeño Elijah

con el hombre de tu vida

soldado celta, guerrero azteca bautizado por el Sol

que te espera frente a la bendición de una diosa de viento

Reina del Nuevo Orden,

Los planos, los personajes (Newton, el Rey Arturo, Eva, Miró, Glinda, Juan Ponce de León, Marco Polo, la gran tortuga, Michael Ende, los Néfilims, Jonathan Swift, Jehová, Lady Di, Loki, Rilke y Lezama Lima), los monstruos de cabellos grifos, las zapatillas de Oz, las xilografías versadas y las litografías poetizadas se encuentran como paralelos de esta obra Empírea, y convierten a Acevedo en un Maurits Cornelis Escher, un artista que dibuja con sus letras figuras imposibles y mundos alternos. El libro experimenta con diversos métodos de representar espacios paradójicos que desafían los modos habituales de lectura, otorgándoles originalidad y exquisitez. Lo mismo que a Escher, a este autor no le interesa mucho la realidad, ni la humanidad en general, sino sólo las cosas que pasan por su óptica de la belleza y son convertidas en signos, en códices descifradores de conocimiento del orden subyacente del mundo.

David Caleb entona en este libro un chant, Un Todo Unido: OM, Eldorado, Shangri-la, el hombre que perdió su alma y según Harlan Ellison, la encontró en la latitud 38º 54’ N, longitud 77º, 00’ 13” O, el incidente de Chris Benoit, Thermidor, Armagedón, las Vírgenes desnudas, el Islam, Nirvana, Avalón, el Mar Rojo… Desde el origen de la civilización, la gente no se ha contentado con ver los acontecimientos como desconectados e inexplicables. Es por eso que estos poemas son tan relevantes. La dualidad y la búsqueda del equilibrio, la utilización de los orígenes, la simetría, el infinito frente a lo limitado y que todo objeto representado tenga su contrapartida hacen de Empírea el Manos Dibujando de David Caleb Acevedo (cada mano está dibujando a la otra), y de éste un creador de su propio multiverso.

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