Ángel descarriado, guerrero de voces

por: Yolanda Arroyo Pizarro

Es un titán y un luchador.  Tan titán como el satélite de Saturno, tan fajón como el obrero más humilde que gana el sustento honradamente.  El sustento de Ángel Antonio Ruiz Laboy se vuelve respiración acompasada; inhalaciones y exhalaciones que compara al yoga y que se afana desde los atriles de la música, la literatura y la colectividad a la que pertenece. Vive enamorado de lo que hace, de lo que logra, de lo que visiona.  Vive dejándose hacer cosquillas por su familia, por sus amigos, dejándose hacer reír por su pareja, quien con su sentido amplio del humor, le devuelve, en muchas ocasiones, las fuerzas para continuar.  Y es que su empeño es arduo y en ocasiones, difícil.  Y Ruiz Laboy sí que sabe lo complicado de lograr los balances en todos los estratos del diario vivir. Nos asegura que para dar el ejemplo de que se puede lograr el equilibrio allá afuera, se tiene que lograr desde acá dentro, en el núcleo del hogar. Menciona que le encantaría tener hijos, pero por el momento sus sobrinos subsanan el deseo de ser padre.  “Además, el compromiso con la equidad te hace sentir menos extraterrestre, menos solo”, alega.

Ruiz Laboy

Las motivaciones que tiene Ángel Antonio son variadas: una imagen, una nota musical, una ayuda, una lección.  Y todo en perfecto orden.  Lo próximo que desea hacer es dedicarse a la narrativa. Desea escribir un libro de relatos o cuentos con el mismo afán con que escribe poesía.  Su faceta de escritor le pide esa migración, ese reto. Aunque cada proyecto para él tiene su idiosincrasia, públicos distintos y alcances distintos, todos desembocan en el mismo mar: la justicia.  Quiere motivar cambios, inclusión de voces.  Lo más que desea es el proyecto a gran escala de hacer una sociedad más justa aportando desde la esquina cultural.  Pero sabe que lo más espinoso es trabajar con gente y venderles la idea.  Asegura que a las personas hay que hacerles reconocer que ellos tienen acceso a ciertos espacios. Todos tienen derecho a participar como receptores y emisores de ese mismo mensaje.

Lo piensa un rato y luego concuerda que una de las tareas más complicadas es sacar tiempo para estas metas, para, por ejemplo, sentarse a escribir.  Lo detienen en la calle, le consultan, le envían correos electrónicos a toda hora.  No se puede desprender de la lucha, aunque quisiera.  “Es difícil salvaguardar el espacio de trabajo, familia y pareja, defenderlos como lugares existentes prominentes”, menciona. En estos momentos estrena y adorna su vida con un proyecto musical que le llena de múltiples dichas: Aequitas, un coro de varones.  Su principal razón para pertenecer a él es que desea exponerse a alcances distintos y a públicos distintos, sin dejar de lado su eterno guerrear por los cambios sociales, por la inclusión de voces del margen.

No duermo profundamente.

Actualmente su trabajo seglar de 8 a 5 es su part-time, según alega.  El resto de las horas del día las divide en labores literarias y de luchas sociales.  Después de las 5:00 de la tarde es que en realidad empieza su día de trabajo. La Junta COAI, el colectivo Homoerótica, el Orfeón San Juan Bautista y el Coro Aequitas son los hijos que se pelean toda su atención.  “Cuando finalmente me siento a escribir, lo hago como a las 11:00 de la noche, hasta que me quedo dormido”.

 Nos cuenta que cada ideal tiene su personalidad y que nunca pierde de perspectiva que su proyecto a gran escala es lograr una sociedad más inclusiva.  Con una seriedad inusitada exclama: “Vender la idea de que los menos aventajados en la justicia social del planeta tienen acceso a ciertos espacios es cuesta arriba”.  Desea identificar tanto a receptores como emisores de ese importante mensaje.  A su vez, desea más tiempo para sí.  Para Ángel Antonio es muy importante no abandonarse a sí mismo, no traicionarse.

Cuando se le pregunta cómo hace para lograr tantos resultados, sonríe y dice que trabaja también mientras duerme y que de hecho, no sueña, porque no duerme profundamente.  Hace un alto para explicar la diferencia entre visionar versus soñar.  Lo primero lo hace todo el tiempo, lo segundo, apenas. Y añade: “Visiono más de lo que sueño”. La gasolina que necesita para luchar se la valida el tiempo, ya que Ángel Antonio es bien decidido y bien consecuente. Para él la respuesta te la da el resultado.  Pocas veces abandona los proyectos.  Con relación a Homoerótica siente que el nene ya está grande, que hay que dejarlo caminar para que tome su rumbo.  “No siempre se hace lo que se quiere, aunque se pueda dar esa impresión.  Y eso no es bueno, ni malo.  Simplemente es.   Hay que dejar que el niño camine y se caiga. Y que se levante.”   El colectivo surgió a raíz de la Antología ‘Los otros cuerpos’, primera selección literaria de temática gay en suelo boricua.  Se dio cuenta que había una necesidad imperiosa de ese espacio.  Un espacio con movilidad. “El colectivo creció de la manera que tenía que crecer sin forzarlo. Se fueron dando las cosas. Varias puertas se fueron abriendo hasta constituirse juntas y comités. Lo demás es historia”.

“Quiero salvar el mundo con dos poemas al día”

La poesía lo ha acompañado desde el primer grado.  Su maestra le permitía un espacio para que creara poemas rimados y luego los declamara.  “Sé que esos poemas bobos mis maestras aun los guardan” cuenta mientras explica que dicha actividad formativa iba a la par con el dibujo.  Recuerda que cuando pequeño, leía la enciclopedia y los diccionarios.  Para el poeta, estas eran actividades muy divertidas.  “Tampoco me perdía ‘Dibujando con Kiki’, un programa televisivo de sus años de crecimiento.

El arte siempre ha sido necesario en su vida. Durante su militancia en escuela intermedia llegaba llorando a la casa si sentía que durante ese día no había hecho nada para salvar el mundo.  Fue así como dio con la maravillosa idea de crear dos poemas diarios.  Los escribía disciplinadamente.  Se inspiraba en las rosas, el amor, los colores y creía fervientemente que si alguien leía sus poemas en esa época, lograría salvar a esa persona.

Luego de ese tiempo, Ángel Antonio abandona un poco lo literario sin dejar de lado la lectura, actividad fundamental para él.  En el 2008 es que hace su reinserción en las letras cuando funda el Colectivo Literario Homoerótica.  Para él la poesía es un encuentro con uno mismo, un espejo minimal, simple, directo.  La narrativa es un diálogo tipo puerta hacia un mundo más amplio, que crea más ampliamente.  Al preguntársele qué lo provoca a escribir narrativa, insiste en que casi siempre lo hace provocado por la situación política del país.

Soy un descarriado

Ángel Antonio es ponceño de nacimiento y riopedrense de adopción.  Le encanta la urbe de la ciudad universitaria porque tiene de todo. “Toda la vida bulliciosa se gesta en Rio Piedras.  Aquí hay espíritu de creación, hay magia, hay una energía transitable, de ciudad.  Me fascina la plaza del mercado, los edificios, ver a la gente.  Soy un descarriado, porque no tengo carro.” Cuando sentencia esto entre risas, nos regala toda su dulzura.

Este incomprendido ángel de la facultad de arquitectura, terminó mudándose a la facultad de literatura, provocando disidencias en su familia por tal decisión.  Pero no le importó.  Amaba las letras y ese romance con los símiles y las metáforas le ha traído grandes beneficios.  Dice totalmente convencido: “Ser tantas cosas, ser puertorriqueño, ser de un barrio pobre, ser gay te acerca a la gente en vez de alejarte.  Si no entras por una puerta, entras por otra”.

La escritura y la lectura son mis abismos

Las respiraciones melódicas que practica en el coro de varones al que pertenece, son un paralelismo del acompañamiento armónico que debe seguir al lado del colectivo de escritores y aspirantes a escritores del que es parte. Dice sentir que salva a la gente cuando canta.

Sobre el renacimiento de este nuevo corpus queer, que es para él muy visible y novedoso, aclara: “Siento que estamos haciendo generación”. Ángel Antonio también nos describe cómo ve su futuro: “Seguir escribiendo, pintando, cantando.  Para mí la artesanía de la palabra es insustituible.  Le hablo al tú segunda persona innombrable.  La escritura y la lectura son mis abismos, mis otros mundos posibles.”

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