Entrevista a Quintín Rivera Toro

por: Dianne Bras Feliciano

A partir de mi visita a la apertura de la exhibición Allafuera del artista Quintín Rivera Toro en METRO: plataformaorganizada, el 6 de agosto del pasado año, donde también tuve la oportunidad de conocerle personalmente, desarrollé una serie de preguntas para él. Luego de ver la muestra me pareció necesario realizar una entrevista a Rivera Toro, quien considero uno de los mejores artistas contemporáneos en el país. En ésta el artista nos ofrece su mirada crítica para conversar sobre la vida en Providence, RI, sus proyectos artísticos y la escena de arte en Puerto Rico. Anteriormente publiqué en Conboca una reseña sobre otra muestra de Rivera Toro titulada Sobre el miedo y otros problemas del inconsciente colectivo.


Dianne Brás Feliciano – ¿Desde cuándo vives y trabajas en Providence, RI?

Quintín Rivera Toro – Vivo y trabajo en Providence, Rhode Island desde marzo del 2010.

DBF - ¿Cuáles han sido y en qué se han basado los proyectos más importantes que has realizado en RI?

QRT – Hasta el momento diría que he trabajado en tres proyectos de peso en los dos años que llevamos acá.

El primero fue un proyecto de verano que mi esposa y yo llamado Alfa B que intentó impactar a la comunidad con necesidades de alfabetización en nuestro vecindario inmediato en el West Side de Providence. El mismo duró 60 días corridos y entre muchas vicisitudes al menos logramos conocer unas cinco unidades de familias, e identificar una gama de recursos para la futura orientación de los participantes. Pudimos aprender y compartir directamente con nuestros vecinos inmigrantes de otros países latinoamericanos. Un proyecto en gran medida altruista, pero por otro lado ha sido de las pocas oportunidades de hacer un trabajo verdaderamente desinteresado, a la misionero, lo cual nunca había tenido acceso a trabajar.

El segundo lo fue el proyecto de arte público llamado “El Puente“, instalado en un parque de Providence, el cual consiste de una plataforma hecha en madera. Similar a un puente, tiene dos puntos de entrada, pero en los laterales tiene cuatro banquillos con el propósito proveer un lugar de reunión público. Está localizado en el parque de mi vecindario en el cual juega mi hija, y esto me llena de satisfacción. Es además mi primer proyecto de arte público permanente.

El tercer proyecto lo son mis estudios de maestría en escultura en el Rhode Island School of Design, lo cual ha sido una meta personal de muchos años ya, y la cual me presenta activamente con los retos de una educación rigurosa. Este proyecto ha sido para mí de profunda importancia, ya que estoy siendo entrenado técnicamente en herramientas y materiales que en mi proceso, durante la última década de práctica artística, no me hubiese pasado por la mente investigar. Además de eso, estoy rodeado de una comunidad de creativos increíbles (RISD tiene 20 departamentos diferentes en las artes) y hasta el momento, he tenido la oportunidad de recibir conocimiento generosamente, no sólo por la facultad, sino por mis compañeros estudiantes también.

DBF – La última muestra de tu trabajo titulada “Allafuera” combinaba elementos de crítica social y un llamado a la Resistencia, con escenas de lo cotidiano, especialmente la vida en familia. ¿Crees que podemos disentir desde lo cotidiano? Por ejemplo, en la manera en que criamos a nuestr@s hij@s, en la forma en que nos relacionamos con l@s demás? Me parece que es a través de tu trabajo artístico que se refleja esa forma cotidiana de disidencia  con llevar un mensaje que abone a la transformación social.

QRT – No estoy seguro. A través de la experiencia doméstica yo no me siento tan activo como la actividad que yo tendría desde otra plataforma. Sin duda como yo tengo que cuidar a mi hija no puedo salir a protestar. Como cualquier gota en el océano tú vas a enseñarle tus valores a tus hijos. Uno tiene una oportunidad de despertar unas curiosidades, sembrar unas semillas en los hijos de uno. Yo no le digo a Violeta que ella va a ser la libertadora de Puerto Rico para no ponerle mucha presión. Pero si, yo pienso que uno puede articular su voz desde cualquier lugar. En esa exhibición hay muchas piezas que son un llamado a ser críticos. Muchos videos no eran construidos desde la resistencia. Mi trabajo es bien libre. Yo me muevo desde un comentario o concepto al otro. Mi trabajo se preocupa y se interesa por la resistencia y por la injusticia. Pero, tal vez hay algunos temas que no son centralmente sobre eso. Yo aprecio que tú pienses que a través de esas piezas domésticas estoy articulando un mensaje de resistencia. Igual que mis valores yo quisiera que algunos de ellos ella los compartieran conmigo, uno de ellos la justicia para mi país. Tenemos ese derecho inherente de querer justicia para nuestro país.

DBF – Llamaron la atención los guiones que mostraste, ¿Tienes en agenda convertirlas en algún video/película?

QRT – Sí. Ese proyecto está bien abajo en la lista, eso está archivado. Recientemente yo escribí un largometraje. Yo podría producir el cortometraje de lo que mostré en Allafuera en 4 días y después sería post producción. Iba a ser algo súper guerrilla con $3.000.

DBF – Sobre la instalación The Grass was Greener, ¿consideras éste un trabajo autobiográfico? ¿cómo contrasta tu experiencia viviendo en la primera potencia imperialista con la ingenua idea que nos hacemos l@s colonizad@s de que todo es mejor ‘allá fuera’?

QRT – No es particularmente mi trabajo más autobiográfico, pero sí entiendo que este aforismo nos aplica a todos por igual, desde la persona menos hasta la más ambiciosa, y ahí está el éxito de la pieza para mí. No pienso que sea una idea ingenua meramente por ser colonizados. Es humano buscar el mejorar en la vida. Vivir en los EEUU es una experiencia muy compleja para el puertorriqueño, a un nivel ancestral, existencial. Nacemos, crecemos y vivimos dentro con una antigua identidad distorsionada, reprimida tal vez, por nuestra relación centenaria a los imperios. Somos un puerto naval demasiado importante en las Américas, está claro que no nos van a dejar quietos. Imagino que vivir en Europa sería más una experiencia de ser extranjero, mientras que acá existe algún tipo de sentimiento de pertenencia por llevar el pasaporte azul, y todo lo que eso implica globalmente. Estando “allafuera”, siempre se añora y se idealiza al terruño boricua, eso todos lo sentimos de alguna manera muy real, a pesar de los graves problemas que tenemos en la Isla. Mientras que echamos raíces inevitablemente en de una tierra que no es la nuestra, y ya que la nuestra tampoco nos pertenece realmente, es un sentimiento de desplazamiento existencial bien jodido. Se hace lo que se puede en el presente. Como el vaivén de las olas el isleño debe emigrar, para ver, para profesionalizarse, para vivir “otras” cosas, sería otro el cuento si estuviéramos conectados por carreteras a otras tierras, o si nuestra tierra nos perteneciera. Antes de ser padre sólo pensaba en vivir en otro país, en otra ciudad. París, Berlín, Buenos Aires…, ahora que tengo una hija sólo añoro regresar a Caguas para que mi hija se identifique con Puerto Rico, que hable con nuestro acento, que asuma la responsabilidad de nuestro predicamento colonial. Tal vez ella sea nuestra gran revolucionaria. Aunque me conformo con que sea una niña saludable; pero si quiere estudiar en MIT, tampoco me quejaría.

DBF – ¿Cómo fue tu experiencia como director creativo de Área?

QRT – Al pasar de los años lo veo como una época dorada para mí, aunque claro, fue un proyecto bien cuesta arriba. (¡Imagina luchar contra el insular concepto de que “¡Caguas está muy lejos”!) Realmente mi trabajo en ÁREA fue uno que empleó todas mis destrezas multidisciplinarias. Fui, entre muchas cosas, conceptualizador, productor, coordinador, crítico, mediador entre partidos, moderador, et al. Sobre todo fue un reto de consecuencia, de persistencia, de creer en algo. Sembramos semillas que tomaron su buen tiempo en dar fruto. Tal vez fue por obstinación juvenil, la cual es maravillosa, tal vez fue tener fe en el espíritu guerrero del artista puertorriqueño, pero sin duda alguna, la motivación principal para mí fue la abundante experiencia educativa que allí viví. Fue una grandiosa oportunidad ser testigo de los cientos de presentaciones que allí ocurrieron. Luego del 2007 prácticamente el espacio generó su propio momentum, y entonces ya no tuve el mismo acceso como durante esos años de gestación. Hace mucho tiempo ya que ni me entero de todo lo que pasa dentro de esas paredes, y eso me llena de orgullo. También me da mucha satisfacción el que hayamos empujado fuertemente la incómoda práctica de la auto crítica a través de conversatorios y también los ciclos de cine, que a decir verdad, eran mis noches favoritas.

DBF – ¿Cuál crees que es el mayor reto que enfrentan los espacios de arte alternativo en Puerto Rico?

QRT – El sostenerse económicamente. Talento hay demás, hace orillas.  ÁREA siempre ha sido a mi entender un modelo a seguir, por el hecho de que se sostiene a través de la filantropía privada. O sea, no es un espacio que existe a través del esfuerzo de jóvenes o individuos ambiciosos, con pocos recursos, los cuales tienden a asfixiarse por la inevitable naturaleza económica de correr un local. Existen hoy en día varios amantes del arte, pudientes, dueños de propiedad, los cuales podrían imitar el modelo de un espacio alternativo privado. Hasta el día en que en el gobierno de Puerto Rico no identifique a la cultura como un importante ejercicio sociológico y filosófico de crecimiento social, e inclusive económico, seguiremos sin contar con su apoyo. Entonces, hay que tocarle a la puerta a personas que se identifiquen con las artes, que entiendan el dinamismo de los artistas y su potencia comunicadora, y que tengan la capacidad de facilitar espacios para el desarrollo de las artes en el País y sus artistas.

DBF – ¿Cuál de tus proyectos ha sido el más memorable personalmente?

QRT – Supongo que en el que estoy trabajando ahora… Me vienen dos a la mente, por su escala y por su impacto en la audiencia. El primero lo es el proyecto de arte público “Un espacio libre” – 2005. Fue un proyecto muy ambicioso, el cual requirió de gran inversión y fe a través de mi hermano del alma, el filántropo José Hernández Castrodad, y la coordinación con el Municipio de Caguas y su Departamento de Cultura, bajo la administración del entrañable Willie Miranda Marín. (Su muerte ha sido una pérdida incalculable para Puerto Rico. Pudo haber sido nuestro primer gran gobernante contemporáneo). Un espacio libre se instaló en todas las entradas y salidas de los carros de la ciudad arterial de Caguas y sin duda tuvo un impacto que no se pudo verificar, pues cada persona que guiaba por allí, durante el espacio de tres meses, tuvo que haberse preguntado porque estaban viendo unas mega fotografías del cielo en vez de publicidad comercial. Ha sido el proyecto más grande que he trabajado en mi vida. Estuve asustado de principio a fin, pero fue un gran paso para mi carrera y práctica como artista. El segundo que comentaría lo es el de “El grupo de los cien” – 2010 el cual constaba de una instalación de cien dogales (lazo de ahorcar) colgantes, los cuales fueron parte de una comisión por invitación del Museo y Centro de Estudios Humanísticos (MCEH) de la Universidad del Turabo en Gurabo, como parte de su reapertura. Siento que esta pieza marcó decididamente un interés crítico y agresivo en el desarrollo de mi lenguaje conceptual por el hecho de que es difícil representar la complejidad de la violencia y las sutilezas de un profundo sentimiento de injusticia que llevo por dentro, sin duda alguna, por el hecho de ser puertorriqueño. El grupo de los cien se refiere a el grupo de los cien promedios más altos de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, y cómo simbólicamente se ha visto estrangulada la “crema” de las mentes del País, sintomatizado a raíz de las protestas estudiantiles por el alza de la matrículas, pero que en realidad son problemas de un corte mucho más profundo y complejo que los eventos traumáticos que vivimos en tiempos recientes.

DBF – ¿En qué estás trabajando actualmente?

QRT – En estos días estoy en plena experimentación, digamos. ¡Ja! Llevo muchos años trabajando con una metodología conceptualista, la cual tradicionalmente vislumbra primero la idea y luego la ejecución. Ahora que estoy estudiando bajo la disciplina de la escultura propiamente, se practica mucho la inversa. Explorar los accidentes con los que se topa uno a través de la materialidad y el proceso. Estoy en un lugar muy incómodo ahora mismo, pero la experiencia me dice que es ahí donde se debe estar, porque estar fuera de una zona de comodidad implica inevitablemente que se aprende. Caminar hacia lo desconocido, lo que da miedo, es un lugar encomiable para el artista, así el trabajo se mantiene fresco, en evolución. Al menos eso pienso yo. He estado aprendiendo a hacer moldes y vaciados de varios tipos, resinas, plásticos, caliza, aluminio; ahora sé soldar de cuatro maneras diferentes; cómo leer el grano de la madera para poder cepillarla correctamente; he estado aprendiendo mucho sobre el manejo seguro de herramientas de alto riesgo y demás. No sé exactamente de qué me va a servir todo esto en el futuro, pero ahí vamos.

Para ver los trabajos más recientes de Quintín Rivera Toro: web.me.com/quintinriveratoro

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