Animal fiero y tierno: lo entrañable de lo político

por: Claudia Becerra

Al referirse al poemario Animal fiero y tierno, Joserramón Meléndez puntualiza que cada verso que compone el texto es un poema. A esto, Irizelma Robles añade que cada verso de Angelamaría Dávila es una eternidad. Y parece ser que Animal fiero y tierno es una eternidad compuesta de regiones: “frontera con el aire”, “mundo musgo, angelita”, “la cólera correcta” y “este montón de cosas”. Se trata de regiones que habitan al interior de la voz poética y por las cuales ésta se desplaza en aras de articular su canto poético. Las dedicatorias del texto resultan reveladoras: la primera, una autodedicatoria, la voz poética se consagra como “[…] la amorosa/ que busca entre las bestias/ la fuente de su estirpe”, mientras en la segunda hay un retorno a los orígenes en la medida en que nombra a las mujeres determinantes en su devenir poético. Su abuela, su madre, Sylvia Rexach, Julia de Burgos y Lolita Lebrón figuran como las mujeres que engendraron la ternura y fiereza que se conjugan en la voz poética. Por lo tanto, estamos ante un texto que tiene como proyecto la subversión del orden social por medio de la afirmación de otras identidades, para el momento, marginales. La voz poética parte de la animalidad, de aquello que aún no ha sido trastocado por el orden de la cultura, parte de lo telúrico, de la experiencia mundana:

Ante tanta visión de historia y

                                   [prehistoria

de mitos,

de verdades a medias –o a cuartas-

ante tanto soñarme, me vi,

la luz de dos palabras me descolgó la

                                             [sombra:

animal triste.

soy un animal triste

                         [parado y caminando sobre un globo de tierra

lo de animal lo digo con ternura

lo de triste lo digo con tristeza

[…]

 

El registro desde donde opera la voz poética resulta interesante al considerar su apropiación del discurso masculino que ha estado en función de la instauración de un orden basado en las oposiciones binarias. Estas dicotomías tienden a reducir a la mujer, o lo propiamente “femenino”, a la esfera de lo natural, contrapuesta a la esfera cultural relativa al hombre. Asimismo, la mujer está condenada a la irracionalidad, a la inmanencia, a lo terrenal, mientras el hombre está igualmente condenado a siempre aspirar a las alturas del logos, a la trascendencia, a lo político. La voz poética, por lo tanto, asume el carácter animal, que lejos de la razón apabullante, figura como un espacio común a todos, desde donde se puede articular una visión en torno a la condición humana. Es desde la animalidad que surge una voz reivindicativa y de protesta contra un orden social injusto, que insiste sobre la jerarquización y la desigualdad opresiva. Y es que con Animal fiero y tierno llegamos a comprender que lo político, lejos de la lógica de la cultura, también puede nacer de la entraña.

Esto último, a su vez, reluce los vínculos de Angelamaría Dávila con el poeta peruano, César Vallejo, a quien por motivos de profunda afinidad, le dedica un poema. Tanto Vallejo como Angelamaría se preocupan por las implicaciones del dolor, como elemento universal y constitutivo de la condición humana. La voz poética de Animal fiero y tierno se cuestiona:

Pero, ¿desde qué fondo se incendió

                                             [la paloma

que me dictó aquel signo enanito y

                                              [potente?

¿llamando hacia qué labio primogénito?

¿dónde la atrocidad marcó su símbolo?

¿en qué dolor dolió la primera época?

¿en qué árbol?

[…]

En otro poema escribe:

Antes de que el dolor tocara

con la sombra la puerta de mis

                                 [labios

había ayes precediéndolo

mucho antes

de sus terribles oes en el aire,

de su ere rasgando la niebla rara del

                                             [silencio

[…]

Así, pues, se establecen vínculos con el poeta peruano que, incluso, parecen estar más cercanos al Vallejo esperanzado que exige solidaridad con los desvalidos en Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, contrario al Vallejo angustiado y resignado ante el origen y sinrazón de los “golpes en la vida”, en Los heraldos negros o Trilce. La voz poética de Animal fiero y tierno guarda resonancias con la visión de mundo caótica de Vallejo, quien ausculta un lamento en el fondo de las pequeñeces que componen la cotidianidad. En ambos la experiencia del dolor se da desde la entraña, desde lo pequeño y mundano. Si Vallejo escribe: “¡Cómo, hermanos humanos,/ no deciros que ya no puedo y/ ya no puedo con tánto cajón,/ tánto minuto, tánta/ lagartija y tánta/ inversión, tánto lejos y tánta sed de sed!”1, Angelamaría Dávila culmina su poemario con una reflexión similar:

[…]

será, me digo yo,

que se nos acumulan en uno de esos días,

o en varios de esos días,

o un poquito tal vez todos los días

el susto y el asombro de encontrarnos

con tanta cosa junta

con tantísima cosa

que uno dice en un grito y una lágrima

que habita entre los huesos:

¿será la rosa?

será que uno no entiende,

serán esos hoyitos de que hablábamos,

será la tierra oliendo

la garra, o el meñique, o el hueco

                                  [de la mano

el destello total, el agua fuego,

este montón de cosas, todo esto.

*También publicado en la Revista XXI

One Response to “Animal fiero y tierno: lo entrañable de lo político”

  1. [...] inherited a copy of Animal fiero y tierno¹, from my grandfather, the poet Sotero Rivera Avilés. It was part of a literary patrimony that [...]

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