Ante El pájaro loco (o historia de un delirio)

por: Jorge Lefevre

“- Camaradas, habéis de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro; por consiguiente…”
-Rubén Darío

“y desear que este poema fuera un río
y buscar peces hasta que el aire se muera”
-Yván Silén

Lo leí de una sentada, me encantó y me quedé delirando hasta redactar estas palabras. Que no se entienda este escrito como una reseña sino como una reflexión a partir de mi lectura de El pájaro loco, segundo poemario de Yván Silén y punto de partida de su estética propia, neosurrealista. Si mi escrito sobre Catulo o la infamia de Roma trataba de plasmar, a través de los versos y poemas citados, la totalidad del poemario, esto no es más que la mirada larga desde la ventana hacia adentro, donde quizá solo se percibe con claridad aquel espejo que rebota la luz que entra desde afuera y desde donde miramos.

En la primera parte de El pájaro loco el poeta se nos presenta como transeúnte de la ciudad de Nueva York. Nos recuerda a Whitman: su poesía, metáfora de la política expansionista de Estados Unidos, trabaja al poeta como caminante de la nación, englobándolo todo en su canto. Su célebre poema “Song of myself” es ejemplo de esto, pintando la sociedad estadounidense en todas sus vertientes.

Es curioso cómo la metáfora antes mencionada se distorsiona en El pájaro loco; ahora el poeta no es el estadounidense orgulloso de su nación deviniendo imperio, sino aquel ciudadano, autoexiliado de la colonia y encerrado en la ciudad-cárcel (“donde no existe la poesía / y por eso yo existo”). La primera palabra del poemario es significativa: “Bajamos”. El viaje va en descenso y hacia adentro, “hacia donde siempre es peligroso que se baje”. Camina la ciudad, bordea el Hudson, escribe desde el autobús, donde las letras de los libros se funden como los rostros en la noche. Incluso, para el regreso al reposo de la casa (“oscura”, como “una cueva”) se corre. Al llegar a la casa, se mueve dentro del sí-mismo, en continua lucha. Esto es, en síntesis, el viaje; el lector acompaña al poeta por el recorrido de un Nueva York oscuro, blanco y negro como Manhattan, y se forma parte de aquella ciudad oculta y marginada como lo inconsciente, a lo que finalmente llegamos en la poesía.

Desconozco si ya para entonces Silén había leído a Whitman. Es muy posible, pero aunque no lo haya sido, el asombro del poeta y la experiencia vivida crean el material poético. Sin embargo, hay otra referencia clave: “El pájaro azul” de Rubén Darío, cuento que narra la historia de un poeta, Garcín, recién llegado a París, de “vino triste” y que recorría toda la ciudad. Decía éste, acerca de su tristeza: “Sí; dentro de la jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul que quiere libertad”. El azul, símbolo modernista, se reemplaza en el título del libro y en el poema homónimo que le da comienzo con la locura, la distorsión, la mirada esquiza característica de una parte importante de la literatura contemporánea posterior al descubrimiento de lo inconsciente, a las guerras mundiales y el existencialismo.

El libro incluye también “El pequeño manifiesto” que trabaja la poética de Silén desde ese libro hasta el presente. Aquí se marca una ruptura con su poemario anterior, Después del suicidio, más tradicional y afín a lo que escribían los poetas de su generación. El realismo socialista, declara, si en un momento era símbolo de vanguardia, ya solo expresaba decadencia. La poesía no puede sujetar a nada. No se trata de poesía de derecha ni de izquierda, declara, sino que se trata de poesía buena o mala. Sin embargo, para que la poesía no se sujete a nada, debe ser, por definición, rebelde. ¿Cómo puede ser rebelde sin sujetarse a alguna ideología, alguna visión política o filosófica? Tiene que haber un proceso de automatización que permita que se libere a través de ella lo inconsciente, que sea ésta la manifestación más radical del ser-poeta. Diría ahora Silén que lo inconsciente es lo encarcelado del “establishment” y liberarlo es acto de rompimiento. ((“La revolución será el acto supremo del neosurrealismo, porque la nueva poesía tiene los ángeles armados”.)) Añado yo que, como el poeta del cuento “El rey burgués” de Rubén Darío, esta visión le da al poeta “el canto del porvenir”. Es lo inconsciente aquel pájaro azul de Garcín. Sería interesante, quizá sea necesario, estudiar cuánto de Azul… hay en Silén.

El pájaro loco es poesía en movimiento, lo que incita al lector a moverse junto a ella, esta vez a través de la lectura, de la palabra. Quizá sea la inercia de este movimiento lo que me produjo la necesidad de escribir. Y escribir sin varias relecturas, como se supone, para que ésta sea como la primera impresión de una ciudad de la magnitud de Nueva York. Y esto después de un viaje largo, al llegar en la noche al hostal. “Ahora en que descubro mi rostro”.

La dedicatoria de El pájaro loco debe retomarse. A la revolución permanente y a los poetas malditos.

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