D-forma-2

por: Humberto Figueroa

Hilar, deshilachar, cortar, armar. Del dibujo a la tinta, a la mesa, al impreso. Del papel a la tela, de la tela al espacio, del espacio al objeto. Desde las narrativas planas a las exploraciones espaciales.

Dibujaba, y cincelaba con su agujón de metal imágenes que luego recortaba y rellenaba con algodón. Con hilo y aguja hilvanaba los contornos, también entintaba e imprimía sobre papel y sobre tela. Desde el plano bidimensional, a las cajas teatrales dio paso al salón. Desde un armario revolotearon palomas y, en el suelo y paredes, ratones y ratas. Perreando está presente, perras que persiguen perros en la oscuridad de la noche. Jadean y sudan la fiebre del deseo con ansias de enganchar.

Pero, en esta ocasión, la tela lleva a Elsa María Meléndez a una inmersión en varios asuntos inherentes a su proceso, a lo temático y conceptual y, de hecho, a lo formal.

En el proyecto realizado en abril 2012, titulado: La costumbre de la nada presentado en la casa Metro: plataformaorganizada, Elsa María Meléndez y Zinthia Vázquez en colaboración, fueron anfitrionas en una instalación que consiste de cientos de estrechos paños rasgados que cuelgan de una retícula en el techo. Con impresiones derivadas de formas vegetales esos paños caen como lluvia o lianas provocando cruzarlos, sentirlos en la piel, retirarlos del camino buscando, cuerpo y ojo, un horizonte y un último plano. Deshilachados y con bordes irregulares este proyecto no trata de alta costura, de cuidos y ruedos esmerados. Es más bien una instalación total que invita a entrar y provoca a encontrar la salida. Son telas que se identifican con las prendas de mujer; livianas y translucientes. Penetrar en ellas es, atravesar de lo externo al mundo oculto por faldas, cortinas y velos encubridores de un misterio familiar.

La costumbre de nada, en METRO: plataformaorganizada. Elsa María Meléndez y Zinthia Vázquez

En esta ocasión en Area: Lugar de proyectos, Elsa María Meléndez presenta La Nube y El paredón de los peluches, piezas que llevan a reflexiones y a juegos por tanto tiempo esperados. Las salidas formales vinculadas con el arte povera, desde un Caribe caluroso y húmedo, han requintado ya rebasando la estética de lo nuevo y lo pulido, para de cara plantar el bollo, el bulbo y la vulva como asuntos trascendentales. Del almohadón mullido en paño bordado, a los bollos de telas y ropajes, a los paquetes de viajes y los relieves, en la obra gráfica y en los objetos de Elsa María Meléndez llegamos a pasos a una monumental mole. Lo erótico da paso a conceptos como el de peso y medida ante la levedad. La constante en su trayectoria radica en su decisión de hacer un arte que deriva de materiales y procesos identificados con lo femenino. Ilustrando y exteriorizando sobre la sexualidad entre otras inquietudes del género. La Nube es semilla germinada, transgénica y deformada que amenaza con reventar. La artista acompaña la presencia inabarcable con viejos, gastados y percudidos peluches. Por ellos entonces hacemos un giro en esta reflexión para considerar el concepto de la soledad, el peluche consuela. Además,  señala sobre el problema de la infantilidad en un sector de nuestra gente que ve en esos simpáticos y patéticos animales de guata y pelambre, una representación de afecto.

La nube y el paredón de los peluches, en Área: lugar de proyectos. Elsa María Meléndez

Del bollete a la ñoñería, la instalación de Elsa María Mélendez evidencia un proceso liberador e inherente a un arte próximo al palpitar de un colectivo en devenir, aspirando a fortuna y a remedio de feria y circo pueblerino. En la instalación la nube es un órgano herniado y los peluches testigos que desde sus miradas vidriosas observan una tierra desolada.  Elsa con hilo y tijera, telas, trapos y amarres, logra un transporte; el proceso y la técnica mediante constantes y repetitivos encajes y nudos, costuras, hilvanes, y pinchadas la encarama en su embolle. Una fuga más en su divertido viaje de inventos y creaciones que rebasan las definiciones y los dogmas archivados para tiempos de reparación. El daño está hecho y ahora llega la transformación.  Atrás quedan las secuencias narrativas entre hojas y biberones, gubias, pelusas y pelucones.

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