Ecos de la Campechada 2012: una experiencia multicultural, educativa e interdisciplinaria

por: Joselyn Quinones

Le dedico este artículo al artista Sueños.

Por creer en la capacidad inigualable del arte

para materializar realidades.

En los pasados días 12, 13 y 14 de octubre el Viejo San Juan se convirtió en una gama de escenarios artísticos que encerraban en sí mismos una riqueza y relevancia cultural y social inmensurable. De pronto ir a la Escuela de Artes Plásticas y ver una exposición de cuerpos en caída en alambre elaborados por los propios estudiantes; entrar a la Galería Nacional y ver un performance de mujeres jugando y apropiándose del espacio, salir a la Plaza San José y escuchar el sonido de los tambores de nuestra rítmica y contagiosa bomba; cruzar la San Sebastián y encontrarte rodeado de pintores, teatreros, artesanos, performeros, niños, adultos y ancianos pintando un extenso pedazo de papel en la calle, llegar a la Plaza de Armas y encontrar bailarines que parecen pájaros, en fin, estar rodeado de artistas en vivo expresando lo que mejor saben hacer en sus distintas facetas, es sin duda una experiencia multisensorial que no podría describir a plenitud mediante la palabra escrita.

Yo describiría este cúmulo de sensaciones casi como la entrada a otra dimensión. Esta innumerable lista de espacios alternos y la simultaneidad de eventos artísticos y culturales le despiertan a cualquiera la creatividad y el deseo de que este tipo de actividad siga ocurriendo en nuestra isla. La concurrida asistencia del público local y no local a la Campechada 2012, que se celebró este año en honor al pintor puertorriqueño Francisco Oller, revela un interés y aprecio genuinos por las artes en general en el país. El escuchar a un padre diciéndole a sus hijas mientras transitaban la calle San Sebastián: “la pintura es una expresión del alma”, fue motivo suficiente para que se me erizaran los pelos.

La Campechadase debe en parte a la colaboración de entidades auspiciadoras, voluntarios que donan su tiempo gratuitamente con el fin de maximizar las atenciones brindadas a los artistas plásticos durante el evento, y en especial, a los artistas. Sin ellos, definitivamente, no habría Campechada. Esta cuenta con la participación de múltiples artistas que con dedicación, perseverancia y por supuesto, gran ingenio, han de instalarse en la memoria colectiva del país.

El grupo de danza moderna de la profesora universitaria Petra Bravo, Hincapié, se valió del espacio público adueñándose de la Plaza de Armas, convirtiéndola en un espacio armonioso en conjunto con las palomas que formaron parte esencial de la coreografía haciéndose cómplices de la pieza llamada Danza Pájaro, creando una secuencia de imágenes bellísimas ante los ojos del espectador, lo que atrajo a su vez que otros transeúntes se acercaran a ver el espectáculo. Por su parte, el grupo de teatro Y no había luz, quienes recientemente se presentaran en el Teatro de la UPR, narraron en su Teatrino F. Oller de manera amena y locuaz los comienzos de la carrera artística del pintor y las inquietudes que lo llevaron a plasmar en su obra más destacada, El velorio, la realidad social del Puerto Rico de entonces, demostrando no solo el gran amor que el artista sentía por la pintura sino por su patria.

Por esta misma línea, pero en un tono más clásico y desde una perspectiva histórica, el grupo Agua, sol y sereno relató en Ojos de Oller las peripecias del pintor en su estancia en París con espectaculares máscaras y fabulosos vestuarios hechos de plástico. Por otro lado, el colectivo teatral Jóvenes del 98 criticó a la crítica de manera jocosa y entretenida con la pieza Una noche en vela. Y no sólo eso, sino que lograron contextualizar efectivamente la pieza El velorio trayendo temas contemporáneos y concernientes a nuestra actual realidad como puertorriqueños(as) como la violencia machista incesante y el individualismo a causa del consumismo rampante fomentado por nuestro modelo económico, detalle que sin duda, captó más aún la atención del público. Al mismo tiempo, revelaron datos biográficos “interesantemente contradictorios” sobre el autor de la magnífica obra.

Los artistas performeros Freddie Mercado, Carola García, Mickey Negrón e Idenisse Salamán, entre otros, se lucieron con las Bodegonas y Efemérides vivientes. Una representación de los bodegones de Oller, pero ¡en su vestuario! Imagínense, un complejo pero espectacular diseño de vestuario y maquillaje que recreaba las pinturas de Oller ¡en trajes! Realmente, un trabajo excepcional por parte de Freddie Mercado quien fuera el creador de los mismos. Anduvieron por plazas y calles exhibiendo su maravilloso ajuar intervenidos por breves actos performáticos. Por último y no menos importante, Gradissa Fernández, esposa del pintor puertorriqueño Rafi Trelles, nos voló la cabeza a todos y nos “metió el dedo en la llaga” al presentar lo que llamó 5 Pablos: La dignidad ante la muerte. La reflexiva pieza consistía en cinco mesas cada una con un ataúd rodeado de flores y cinco “Pablos” (personaje principal y central de la pieza El velorio), contemplando lo que mi amigo José Emilio “Chemi” González definió como los “cinco males de esta sociedad”: “Es como ver que en las tumbas lo que yace es nuestra propia sociedad. Cada uno de los ataúdes representa los cinco males de nuestra sociedad: el consumerismo, la corrupción, la violencia, la contaminación ambiental y la crisis de la educación.”. En otras palabras, lo que estos 5 Pablos contemplaban era el entierro simbólico del país, el hundimiento de nuestra nación, es decir, nuestra propia muerte.

En términos generales y luego de esta introducción sobre lo que fue esta edición, la Campechada es un evento que pretende impactar a todos los sectores de la sociedad mediante una figura artística del país cuya obra sea importante y trascendental y que su legado sea de conocimiento común para beneficio de todos y todas. En este sentido, la Campechada cumple un rol educativo significativo para Puerto Rico a través de la conmemoración y apreciación de las artes. La iniciativa surge el año pasado, donde la figura escogida fue el también pintor José Campeche, de ahí el nombre del evento. Se puede enumerar una larga lista de atributos que promueve esta actividad. La aportación al comercio local es un punto importante dentro de esa lista, ya que tanto los artesanos, músicos y artistas plásticos se benefician con la exposición y venta de sus piezas, así como los comerciantes del Viejo San Juan (barras, colmados, tiendas de ropa y accesorios) se nutren de la economía que genera la Campechada. Ah, sobretodo las barras porque en la noche, una vez terminadas las actividades programadas durante la Campechada, hay un pequeño simulacro de las Fiestas de la Calle San Sebastián, que funge como eje principal del evento, dado que allí se ubican la mayor parte de los artistas plásticos. Dándose la cervecita y refrescándose del calor y la humedad del día, se pueden sostener buenas tertulias y compartir impresiones sobre el transcurso de la actividad, incluso con los propios artistas locales.

Personalmente, sentía que era un deber escribir sobre la Campechada ya que como escritora sé el valor que tiene la escritura como herramienta para constatar hechos históricos y dotarlos de algún sentido mediante el lenguaje. La fuerza de la palabra escrita es innegable. Esta necesidad de escribir se transmuta al mismo tiempo en la alegría de haber sido partícipe de una actividad “tan bonita” –como muchos la describen.

La Campechada es y será un evento de trascendencia social y cultural cuya resonancia está en el poder de educar a través del propio arte y en donde convergen las diversas disciplinas que componen el quehacer artístico. Ojalá en futuras ocasiones cuente con una difusión más efectiva por parte de los medios oficiales del país, para así lograr un alcance masivo. Cabe destacar, que la mayoría de estos proyectos artísticos son autogestionados por los propios integrantes de los mismos. Así, la Campechada es un ejemplo de lo que con voluntad, esfuerzo, dinamismo y compromiso podemos lograr. Puerto Rico sí cree en las artes y en su posibilidad de transformar las cosas. Habrá Campechada para rato, pues ¡en nuestro país se desborda el talento! En fin, la Campechada es un evento digno de repetición y perpetuación dentro de la cultura y las artes puertorriqueñas. ¡Qué vivan las artes!

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